Una recaída de esclerosis múltiple podría comenzar varias semanas antes de que aparezcan los primeros síntomas visibles para el paciente. La visión borrosa, el hormigueo persistente o las dificultades inesperadas para caminar pueden marcar el inicio de un nuevo episodio, aunque detrás de esas manifestaciones exista un proceso biológico previo que todavía no sea detectable mediante las pruebas clínicas habituales.

Un equipo de investigadores de la Harvard Medical School y el Brigham and Women’s Hospital, en Boston, identificó cambios en las células inmunitarias presentes en la sangre que podrían estar relacionados con la actividad del virus de Epstein-Barr (EBV). Según el trabajo, esas señales podrían constituir un indicio de una recaída de esclerosis múltiple hasta tres meses antes de que se manifieste clínicamente.

El EBV es uno de los virus más frecuentes y la principal causa de la mononucleosis infecciosa, conocida popularmente como “la enfermedad del beso”. Su posible relación con los cambios observados en las defensas del organismo ubica al sistema inmunitario en el centro de una investigación que busca comprender por qué puede atacar por error tejidos del propio cuerpo.

El hallazgo fue publicado en Nature Medicine y plantea la posibilidad de reconocer con anticipación un proceso que, hasta el momento en que aparecen los síntomas, puede permanecer silencioso. La investigación se inscribe en una línea más amplia de estudios sobre la forma en que las defensas del organismo responden a las amenazas y sobre cómo podrían modificarse para actuar de manera más precisa.