Con la llegada de las temperaturas frías, el riesgo de intoxicaciones por monóxido de carbono se convierte en una problemática recurrente en Argentina. Anualmente, aproximadamente 200 personas pierden la vida a causa de la inhalación de este gas letal, mientras que unas 40.000 sufren sus efectos. A pesar de los esfuerzos en campañas de concientización, los números se mantienen alarmantes, lo que indica que aún queda un largo camino por recorrer en la prevención de este tipo de accidentes.
El monóxido de carbono es conocido como el “asesino silencioso” debido a su naturaleza insidiosa. Este gas incoloro, inodoro e insípido no presenta ningún tipo de señal que advierta a las personas sobre su presencia, lo que lo convierte en un peligro latente en muchos hogares. Su formación ocurre cuando se produce una combustión incompleta de sustancias que contienen carbono, como gas, leña, carbón o kerosene. Por lo tanto, el riesgo no se limita únicamente a aquellas viviendas que utilizan gas natural, sino que se extiende a cualquier hogar con instalaciones defectuosas o artefactos mal mantenidos.
La situación se torna más crítica durante los meses de invierno, cuando las familias tienden a cerrar sus hogares y limitar la ventilación. Esta combinación de ambientes cerrados y el uso de dispositivos de calefacción que no han recibido el mantenimiento adecuado puede ser fatal. En la zona de Metrogas, que abarca la Ciudad de Buenos Aires y partes del conurbano bonaerense, el monóxido de carbono causó 15 muertes en 2025 y provocó cerca de 120 hospitalizaciones. En lo que va de 2026, ya se han registrado 16 intervenciones por la presencia de este gas, resultando en al menos seis muertes y 28 personas afectadas.
La prevención de intoxicaciones por monóxido de carbono se basa en principios fundamentales que deben ser interiorizados por la población. Sergio Felice, jefe de Seguridad de Camuzzi Gas, enfatiza que cualquier artefacto que funcione a base de combustión puede ser una fuente de este gas si no se utilizan adecuadamente o si sus gases no son evacuados correctamente al exterior. Las estufas, calefones, termotanques, hornallas y hornos son los dispositivos más frecuentemente asociados a estos accidentes.
Para mitigar el riesgo, se recomienda realizar un mantenimiento anual de todos los dispositivos que usan combustibles. Esta revisión debe ser llevada a cabo por un gasista matriculado y se sugiere realizarla antes de que comience el invierno. Durante esta inspección, es crucial verificar el estado de los quemadores, la ventilación, los tirajes y las salidas al exterior. Curiosamente, en algunas inspecciones se han encontrado nidos de aves obstruyendo los conductos, lo que puede impedir la correcta evacuación de gases.
Otro aspecto a tener en cuenta son las rejillas de ventilación. A menudo, durante el invierno, estas aberturas se tapan con muebles, cuadros o cintas para evitar la entrada de aire frío. Sin embargo, bloquear estas rejillas interfiere en la renovación del aire y puede favorecer la acumulación de gases tóxicos. Si se detecta algún problema en la rejilla, es aconsejable mantener una ventana entreabierta como alternativa temporal.
Adicionalmente, se debe tener cuidado con el uso de la cocina o el horno para calentar los ambientes, ya que esta práctica es extremadamente peligrosa. Las distribuidoras de gas advierten que esta es una de las formas más riesgosas de exposición al monóxido de carbono. La concientización y la acción proactiva son esenciales para proteger a las familias de un peligro que, aunque a menudo pasa desapercibido, es capaz de tener consecuencias fatales.



