El diagnóstico temprano de Alzheimer puede transformar por completo la vida de un individuo. Muchos pacientes, al conocer su situación, optan por reorganizar sus prioridades y preparar a sus seres queridos para lo que puede venir.

No obstante, investigaciones recientes sugieren que existen enfoques alternativos para abordar el deterioro cognitivo en sus primeras etapas. El neurocientífico Majid Fotuhi, con más de 40 años de experiencia, señala que hay un amplio margen para actuar ante los primeros signos de demencia, lo que podría cambiar la manera en que se diagnostica esta enfermedad.

Fotuhi, quien se trasladó a Canadá desde Irán en 1982 y ha trabajado en instituciones de renombre como la Universidad Johns Hopkins, destaca que muchas veces se atribuyen los síntomas de pérdida de memoria a las conocidas “placas y ovillos” cerebrales, ignorando factores tratables como la obesidad, diabetes, hipertensión, apnea del sueño, estrés crónico, depresión y falta de actividad física. Según el neurocientífico, el deterioro cognitivo en la vejez es resultado de una serie de problemas que en muchos casos son modificables, y ha desarrollado un programa de 12 semanas que abarca ejercicio, sueño, nutrición, manejo del estrés y entrenamiento cerebral, logrando mejoras significativas en los participantes.

Los resultados de su estudio fueron sorprendentes: el 84% de los adultos mayores que participaron en el ensayo mostró avances en pruebas cognitivas estandarizadas, y más de la mitad experimentó un aumento del 3% en el volumen del hipocampo, una área crucial para la memoria que normalmente disminuye un 1% anual después de los 50 años. Fotuhi enfatiza que el ejercicio es clave, ya que incrementa el flujo sanguíneo cerebral y estimula la producción de BDNF, conocido como el “fertilizante cerebral”.