En una reciente intervención, Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad, enfatizó la importancia de garantizar el acceso universal a la sanidad en España, rechazando de manera contundente los argumentos que critican esta política bajo una óptica excluyente. Durante el evento titulado 'Derecho a la sanidad del futuro', organizado por Talento para el Futuro, Padilla subrayó que la percepción de que España se convierte en 'el hospital de Senegal' es una falacia que ignora la contribución real de la población migrante. Su intervención se produce en un contexto en el que muchos países, frente a la creciente migración, optan por políticas de exclusión, algo que, según Padilla, contradice los principios de justicia social y equidad económica.

La universalidad sanitaria, según Padilla, no solo representa una obligación ética, sino que también se traduce en una gestión más eficiente del sistema. Citando diversos estudios y evidencias, el secretario de Estado afirmó que los sistemas de salud son sostenibles precisamente porque son universales, y no al contrario. Esta afirmación resulta crucial en un momento en que las narrativas en torno a la migración tienden a ser polarizadoras y a fomentar la discriminación. Al excluir a ciertos grupos de personas, como los migrantes en situación irregular, se crea una presión adicional sobre los servicios de urgencias, que a menudo se convierten en el último recurso para quienes no tienen acceso a atención primaria.

Un aspecto destacado por Padilla fue la relevancia de la Atención Primaria (AP) en el sistema sanitario español, describiéndola como el pilar fundamental que sostiene la universalidad del mismo. En su exposición, subrayó que toda persona que resida en España tiene derecho a contar con un médico de familia y un enfermero de atención primaria, algo que, según él, es considerado una utopía en otros sistemas de salud menos inclusivos. Esta afirmación resalta la necesidad de mantener y fortalecer la AP para asegurar que todos los ciudadanos, independientemente de su origen, puedan acceder a servicios médicos de calidad.

Padilla también hizo hincapié en que el acceso universal a la sanidad no debe confundirse con el concepto de 'turismo sanitario', sino que debe entenderse como un derecho fundamental asociado a la vida y a la participación activa en la sociedad. En este sentido, comparó la situación de la sanidad con la educación, donde existe un consenso generalizado sobre la necesidad de escolarizar a todos los niños, independientemente de su estatus migratorio. Esta analogía pone de manifiesto la contradicción presente en el debate sobre la salud y cómo, a menudo, se elige culpar a los más vulnerables por problemas en el sistema, mientras que se ignoran las responsabilidades de los actores políticos y económicos que realmente influyen en la calidad de los servicios públicos.

Además, Padilla hizo un llamado a la defensa de la salud global, que debe basarse en la promoción del multilateralismo. En un contexto internacional donde algunas naciones, como Estados Unidos, han apostado por un enfoque más unilateral, el secretario de Estado subrayó la necesidad de fortalecer la colaboración mundial para enfrentar los desafíos sanitarios que trascienden fronteras. Esta perspectiva no solo aboga por la salud de los ciudadanos españoles, sino que también considera la interdependencia de los sistemas de salud a nivel global.

La postura de Padilla refleja una visión integral sobre la migración y la salud, abogando por políticas que no solo beneficien a la población local, sino que también reconozcan y valoren las contribuciones de aquellos que han llegado a España en busca de una vida mejor. En un momento en el que las narrativas en torno a la migración son frecuentemente divisivas, su llamado a la inclusión y al respeto de los derechos humanos resuena con fuerza, invitando a la reflexión sobre el tipo de sociedad que se desea construir en el futuro.