Nairobi, 16 de junio (Redacción Medios Digitales) - La organización Oxfam Intermón ha alertado sobre la posibilidad de que la crisis del ébola en la República Democrática del Congo (RDC) esté siendo subestimada debido a la escasez de acceso a agua potable y a infraestructuras de saneamiento adecuadas. En un comunicado emitido el martes, la ONG advirtió que solo uno de cada cinco centros de salud en la provincia de Ituri, donde se ha declarado el brote, cuenta con agua potable suficiente para atender a la población.

La situación es crítica en la localidad de Mongbwalo, donde apenas el 20% de los habitantes tiene acceso a agua segura y solo el 25% de la población dispone de instalaciones funcionales para la higiene y el saneamiento. Esto ha llevado a muchas familias a recurrir a fuentes de agua contaminadas, las cuales están expuestas a residuos químicos generados por actividades mineras en la zona. Manel Rebordosa, coordinador de respuesta de Oxfam en Ituri, enfatizó que el agua es fundamental en cualquier emergencia de salud pública, y su ausencia pone en riesgo la vida de quienes habitan en esta región.

Los datos presentados por la ONG evidencian una crisis más amplia en Ituri, donde las fuentes de agua contaminadas y las infraestructuras de lavado de manos en mal estado agravan la situación. Además, muchos trabajadores de la salud en la zona no cuentan con el equipo de protección necesario para hacer frente al brote, lo que aumenta la vulnerabilidad tanto de ellos como de la población en general. Este contexto desfavorable dificulta la contención del virus y pone en riesgo a comunidades enteras.

La situación epidemiológica actual es alarmante, ya que la tasa de rastreo de contactos se encuentra muy por debajo del 79% registrado en brotes anteriores. Según Oxfam, la tasa actual se sitúa en un preocupante 63,1%, lo que contrasta con los esfuerzos de respuesta que se habían observado durante el brote de ébola entre 2018 y 2020, cuando las tasas de supervisión eran mucho más eficientes. Este deterioro en la capacidad de respuesta se atribuye, en parte, a la reducción de la financiación estadounidense destinada a la vigilancia epidemiológica y a un déficit general de recursos económicos necesarios para combatir la epidemia.

Oxfam Intermón también destacó que la financiación humanitaria global para la RDC ha disminuido drásticamente, pasando de 2.580 millones de dólares en 2024 a solo 1.400 millones en 2026. Este recorte se traduce en el nivel más bajo de apoyo financiero en la última década, lo que limita gravemente las operaciones de las organizaciones no gubernamentales que trabajan en la región. Como consecuencia de esta falta de recursos, se han visto obligadas a reducir los equipos comunitarios que desempeñan un papel crucial en la sensibilización y educación de la población.

El temor de la población a acudir a los centros de salud ha crecido, ya que muchos los ven como trampas mortales, lo que ha llevado a la gente a recurrir a remedios tradicionales y a evitar el tratamiento médico adecuado. Esta situación no solo retrasa la atención necesaria para los afectados, sino que también contribuye a la propagación del virus. En el último informe sobre la epidemia, las autoridades congoleñas confirmaron 808 casos de ébola, de los cuales 192 resultaron fatales.

El brote de ébola fue declarado oficialmente el 15 de mayo en Ituri, una región que comparte fronteras con Uganda y Sudán del Sur, y desde entonces se ha extendido a las provincias orientales de Kivu del Norte y Kivu del Sur. La falta de agua y las deficientes condiciones sanitarias no solo complican la respuesta al brote, sino que también reflejan una crisis humanitaria de mayor envergadura en la RDC, lo que exige una atención urgente y sostenida por parte de la comunidad internacional.