Nancy Guerrero Castillo, quien se unió a Médicos Sin Fronteras (MSF) en 2004, ha recorrido un camino significativo desde sus inicios en la organización. Originaria de Ocaña, en el departamento colombiano de Norte de Santander, Guerrero comenzó su carrera en MSF buscando empleo como administradora de empresas. Hoy, tras más de dos décadas de experiencia, ocupa la dirección de la sección sudamericana de habla hispana de la ONG, que tiene su sede en Buenos Aires y oficinas en Bogotá y Montevideo.

Su trayectoria abarca misiones humanitarias en diversas regiones del mundo, incluyendo América Latina, África y el sur de Asia. Desde 2023, ha sido responsable de la oficina institucional de MSF en Colombia, y en 2024 asumió la dirección regional en un contexto global complicado. La organización, presente en más de 75 países con 516 proyectos activos, enfrenta retos significativos, como ataques intencionados a instalaciones médicas y un desmantelamiento de la ayuda humanitaria proveniente de Estados Unidos, además de las crisis prolongadas que afectan a Haití, Gaza y Sudán, entre otros lugares.

Durante una reciente entrevista, Guerrero enfatizó que la violencia es la principal epidemia que afecta a América Latina. Según sus palabras, “la violencia crónica ha estado presente durante años y es fundamental visibilizarla para evitar que se normalice”. Este comentario no solo refleja su compromiso con la causa humanitaria, sino también la urgencia de abordar un problema que se ha vuelto parte del paisaje cotidiano en la región.

La conversación se centró en la capacidad del sistema humanitario internacional para resistir ante la violación de sus principios básicos. Guerrero destacó que MSF no solo proporciona asistencia médico-humanitaria, sino que también tiene el deber de alzar la voz frente a las injusticias. “Lo hacemos a través de datos médicos, testimonios y observaciones directas desde el terreno”, afirmó, destacando la importancia de la rendición de cuentas en situaciones de crisis.

Un tema central de la charla fue la resolución 2286 de la ONU, que cumple diez años y prohíbe los ataques contra infraestructuras médicas y personal humanitario. A pesar de su importancia, Guerrero reveló que en la última década se han documentado 255 incidentes que contradicen esta resolución, con un aumento alarmante de ataques en 2024 y 2025. “La resolución es clara en su prohibición, pero la realidad muestra que la violencia persiste y se intensifica”, aseguró, refiriéndose a la situación crítica que se vive en varios puntos del continente.

Particularmente, Guerrero mencionó Haití como un ejemplo emblemático de la crisis en la región. “Haití se encuentra sumido en una violencia armada extrema y en un colapso institucional total”, explicó. En este contexto, MSF enfrenta grandes desafíos, como el ataque a una de sus ambulancias a finales de 2024, donde heridos fueron ejecutados, lo que representa una grave violación a la acción médico-humanitaria. Este tipo de incidentes subraya la urgencia de una respuesta internacional más robusta y efectiva frente a la violencia que se vive en el país caribeño y en toda América Latina.