La migraña se presenta como uno de los trastornos neurológicos más comunes a nivel mundial, afectando de forma crónica a una gran cantidad de personas y planteando serios desafíos tanto para quienes la padecen como para los sistemas de salud pública. Este dolor intenso y recurrente no solo limita la calidad de vida, sino que también se ha convertido en la segunda causa más frecuente de discapacidad en el planeta, superando a otras condiciones neurológicas.
Investigaciones recientes han permitido a los científicos estudiar episodios de migraña en tiempo real, analizando las señales eléctricas del cerebro. Este avance ha contribuido a una mejor comprensión de los mecanismos biológicos que subyacen a esta afección. La migraña es especialmente prevalente entre mujeres jóvenes, en particular aquellas de entre 25 y 50 años, un periodo crucial en términos de actividad laboral y social.
El dolor de cabeza intenso que caracteriza a la migraña a menudo va acompañado de síntomas como hipersensibilidad a la luz y al sonido, náuseas, vómitos y alteraciones visuales, conocidas como aura. Sin embargo, el estigma social y las interpretaciones de género han dificultado la investigación y la financiación para encontrar soluciones eficaces. Según datos del Reino Unido, el costo anual de la atención a personas con migraña supera los 17.000 millones de dólares, considerando no solo los gastos médicos, sino también el impacto en la productividad laboral y el ausentismo. El subdiagnóstico de esta enfermedad, según el Ministerio de Salud Pública de Tucumán, perpetúa la dificultad de acceso a tratamientos adecuados, destacando la necesidad de una mayor concienciación y educación sobre la migraña.



