El juicio por la muerte de Diego Maradona se ha convertido en un espacio de tensiones y revelaciones inesperadas, especialmente durante los recesos en el que los asistentes, en su mayoría abogados y familiares, se dispersan en busca de un momento de reflexión. En este contexto, el neurocirujano Leopoldo Luque, uno de los imputados en el caso, ha decidido romper el silencio y, en su novena declaración ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°7 de San Isidro, arrojó luz sobre las responsabilidades en torno a la internación domiciliaria donde falleció el ídolo del fútbol argentino. La jornada del juicio, que marcó un cambio significativo en la dinámica del proceso, se caracterizó por la ruptura del bloque de acusados, quienes hasta ahora habían intentado mantener una postura de defensa colectiva.

Luque no dudó en señalar a la psiquiatra Agustina Cosachov como una de las principales responsables de la situación que rodeó la atención de Maradona. Al explicar su papel en la internación, Luque afirmó que su especialidad era la neurocirugía y que, por ende, no tenía incumbencia en el tratamiento psiquiátrico que debía llevarse a cabo. Así, argumentó que había delegado la atención a Cosachov y al psicólogo Carlos Díaz, dejando en claro que la responsabilidad de su cuidado recaía en ellos. Esta declaración marca un notable giro en la narrativa del juicio, donde cada acusado parece estar buscando su propia salvación a expensas del resto, lo que se traduce en un ambiente de desconfianza y acusaciones cruzadas.

La intervención de Luque también incluyó detalles específicos sobre las interacciones con la familia de Maradona, en particular con su hija Dalma. Este aspecto es crucial, ya que Luque hizo hincapié en que, a pesar de ser mencionado en comunicaciones por Cosachov como el "médico de Maradona", su rol era estrictamente neuroquirúrgico. "La familia misma le indicó a Cosachov que se necesitaba un médico clínico, no un neurocirujano", explicó Luque ante el tribunal, en un intento por establecer una defensa sólida y diferenciar su función de la de los otros profesionales involucrados.

El neurocirujano también se refirió a las múltiples visitas que realizó a la casa de Maradona durante su recuperación, donde su única preocupación era evaluar su evolución postoperatoria. "Mis visitas fueron limitadas y no asumí el rol de clínico en ningún momento", subrayó Luque, enfatizando que su compromiso era exclusivamente con la parte neurológica del tratamiento. Esta defensa de su actuación parece orientada a distanciarse de cualquier responsabilidad directa en el desenlace fatal del exfutbolista, mientras que las miradas del tribunal y del público se centran en la complejidad del caso.

El relato de Luque también abordó cómo la atención médica de Maradona pasó por distintas manos, desde el personal de la clínica donde fue intervenido hasta quienes se hicieron cargo de su internación domiciliaria. Según su versión, una vez que la familia decidió que él no se involucrara más, la responsabilidad recayó en otros profesionales, lo que añade una capa de complicidad y confusión sobre quién tenía la última palabra en el cuidado del ícono del fútbol argentino. Este cambio de manos en la atención médica resuena con las inquietudes familiares y la presión pública que rodeó a Maradona en sus últimos días.

El clima en la sala del tribunal refleja la gravedad de la situación y la ansiedad de quienes han seguido el caso de cerca. Cada declaración y cada acusación están siendo estudiadas minuciosamente tanto por los jueces como por el público, que busca respuestas en un caso que ha trascendido el ámbito judicial y se ha convertido en un tema de conversación nacional. A medida que avanza el juicio, las tensiones entre los acusados parecen intensificarse, y la pregunta sobre quién asumirá la responsabilidad final por la muerte de Maradona sigue flotando en el aire, sin respuestas definitivas a la vista.