Un nuevo estudio pone de manifiesto las complicaciones que enfrentan los padres jóvenes que padecen enfermedades cardíacas. A medida que estas afecciones se vuelven más comunes en personas de entre 30 y 50 años, surge la necesidad de abordar no solo la salud de quienes las sufren, sino también los retos que conlleva la crianza de sus hijos.

La investigación, publicada recientemente, destaca que los pacientes cardíacos más jóvenes experimentan una presión adicional: mientras luchan por su propia salud, deben gestionar las exigencias emocionales y físicas de ser padres. Las enfermedades cardíacas de inicio temprano, aquellas que se presentan antes de los 55 años en hombres y 65 en mujeres, han aumentado notablemente, pasando de 1,5 millones de casos en 1990 a 2,6 millones en 2019 a nivel global.

Karen Bouchard, la investigadora principal del estudio y científica asociada en el Instituto del Corazón de la Universidad de Ottawa, subraya que el estrés que enfrentan estos padres es particular. La dificultad de manejar una enfermedad crónica se agudiza cuando se debe equilibrar la vida laboral y las demandas de los niños pequeños. Los hallazgos sugieren que los programas de recuperación cardíaca deben ampliar su enfoque para incluir el bienestar familiar, no limitándose únicamente a la dieta y el ejercicio.