La situación de Narges Mohammadi, galardonada con el Premio Nobel de la Paz, es alarmante, ya que su vida se encuentra en un estado crítico mientras permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de un hospital en Teherán. Este lunes, la Fundación Narges Mohammadi emitió un comunicado en el que alertó sobre la grave condición de la activista, señalando que ha sufrido años de "negligencia médica sistemática" en prisión. La organización no solo exige su liberación incondicional, sino que también destaca la urgencia de brindar atención médica adecuada a la activista, quien ha sido víctima de un prolongado encarcelamiento.

Mohammadi fue trasladada de manera urgente el domingo desde un centro médico en Zanjan hasta el Hospital Pars de Teherán, tras haber sido detenida durante 150 días en diversas prisiones. Su situación se ha vuelto insostenible, y su ingreso a cuidados intensivos se produjo tras una creciente presión internacional que ha puesto de manifiesto las violaciones de derechos humanos en su contra. Ali Rahmani, su hijo y copresidente de la Fundación, expresó que la suspensión temporal de la condena de su madre es completamente insuficiente y que su vida está en juego.

El diagnóstico médico de Narges Mohammadi revela la necesidad de una vigilancia constante de sus signos vitales, lo que justifica su permanencia en la UCI. Un equipo de especialistas en cardiología y neurología ha comenzado a examinar su historial clínico y a realizar pruebas para determinar el estado de su salud. Se están llevando a cabo ecocardiografías, análisis de sangre y monitoreos continuos de presión arterial y frecuencia cardíaca, con el fin de establecer un diagnóstico preciso y tratar de estabilizar su condición.

La Fundación ha denunciado la existencia de múltiples problemas de salud que han surgido como consecuencia de su prolongada detención y el trato inhumano que ha recibido. Se informa de episodios severos de inestabilidad física, fluctuaciones drásticas en la presión arterial, así como infartos y dolores torácicos recurrentes, lo que agrava aún más su estado crítico. La organización ha señalado que Mohammadi ha experimentado una debilidad extrema debido a su encarcelamiento prolongado, que supera los diez años, y a periodos de aislamiento que han superado los 160 días.

Además de los problemas de salud, la Fundación ha denunciado agresiones físicas sufridas por Mohammadi durante su último arresto en diciembre de 2022, lo que ha contribuido a su deterioro físico y emocional. En este contexto, la organización ha reiterado que la mera suspensión de su pena no es una solución viable, y ha exigido garantías de que no será reintegrada a prisión, así como un acceso continuo a atención médica de calidad bajo la supervisión de su propio equipo médico.

Por su parte, Chirinne Ardakani, la abogada de Mohammadi en Francia, subrayó que la decisión de suspender la pena por razones de salud fue el resultado de la movilización internacional y de la presión ejercida sobre el régimen iraní. La Fundación Narges Mohammadi ha hecho un llamado a la comunidad internacional para que exija la liberación incondicional de la activista y la anulación de las condenas que pesan sobre ella. En un momento en que los derechos humanos en Irán están bajo el escrutinio global, el caso de Narges Mohammadi se presenta como un símbolo de la lucha por la justicia y la dignidad.

La salud de Narges Mohammadi no solo refleja las condiciones de vida de muchos prisioneros en Irán, sino que también pone de relieve la necesidad urgente de una respuesta internacional frente a la represión que sufren los activistas de derechos humanos en el país. Su situación es un recordatorio del costo humano de la lucha por la libertad y la justicia en un contexto donde los derechos fundamentales son a menudo ignorados o violados sin consecuencias.