Un grupo de investigadores de diversos países ha realizado un análisis exhaustivo sobre la respuesta del sistema inmunológico al dengue, revelando que la piel desempeña un papel crucial en la vigilancia contra este virus. Este hallazgo se publicó en la revista científica Science Advances el 20 de marzo de 2026 y fue liderado por la Universidad de Bristol, reconocida por su excelencia en investigación inmunológica, junto a la Facultad de Medicina Duke-NUS, prestigiosa institución con sedes en Hong Kong y Singapur. La investigación se llevó a cabo a partir de muestras de sangre y tejido cutáneo de 73 individuos infectados por el virus del dengue y 10 voluntarios sanos, lo que permitió obtener datos significativos sobre la interacción entre el virus y el sistema inmunitario.
El dengue, enfermedad viral transmitida principalmente por mosquitos, afecta a millones de personas cada año, convirtiéndose en un gran desafío para la salud pública, especialmente en regiones tropicales y subtropicales. La creciente incidencia de esta enfermedad ha llevado a la comunidad científica a buscar nuevos enfoques para prevenir y tratar sus efectos. En este contexto, el estudio de los investigadores británicos y asiáticos destaca la importancia de la piel como un punto de control donde se producen respuestas inmunitarias iniciales y efectivas contra el dengue.
Según los hallazgos de la investigación, la infección por dengue provoca una notable acumulación de linfocitos T citotóxicos en la piel, superando su concentración en la sangre. Estos linfocitos T CD8+, que son esenciales para eliminar células infectadas, han mostrado la capacidad de establecerse como células residentes en la piel a largo plazo. Esta característica sugiere que la piel actúa como un primer bastión de defensa, preparado para responder rápidamente ante futuras exposiciones al virus, lo que implica un mecanismo de memoria inmunológica que podría ser clave en el desarrollo de nuevas estrategias preventivas.
La doctora Laura Rivino, investigadora principal y profesora asociada de Inmunología en la Universidad de Bristol, subraya que la entrada del virus en el cuerpo se inicia con la picadura del mosquito, lo que hace que fortalecer la respuesta inmunitaria en la piel podría resultar en una protección más efectiva contra el dengue. Este enfoque podría dar lugar al diseño de vacunas innovadoras que se centren en potenciar la respuesta inmune en el tejido cutáneo, en lugar de limitarse a la respuesta sistémica que se mide comúnmente en la sangre.
El estudio también examinó las “huellas dactilares” de las células T, lo que permitió a los investigadores observar similitudes entre las células T presentes en la piel y en la sangre. Esta observación sugiere que es posible que ambas poblaciones de células tengan un origen común o que puedan trasladarse entre estos dos entornos. Este hallazgo refuerza la idea de que la piel no solo actúa como una barrera física contra patógenos, sino que también es un órgano inmunológico activo y especializado que desempeña un papel fundamental en la protección contra infecciones virales, como el dengue.
Además, el estudio indica que las células T que se activan durante la infección expresan receptores que las dirigen hacia la piel, donde pueden llevar a cabo funciones específicas en la defensa del organismo. Este mecanismo sugiere que mejorar la presencia de linfocitos T CD8+ en la piel podría incrementar la efectividad de las vacunas existentes, abriendo un nuevo camino para la investigación en la prevención del dengue.
Por último, los investigadores de la Universidad de Bristol y la Facultad de Medicina Duke-NUS concluyen que comprender mejor cómo se establecen y actúan los linfocitos T en la piel durante y después de la infección es fundamental para el desarrollo de nuevas terapias. Este enfoque podría revolucionar la manera en que se abordan no solo las infecciones por dengue, sino otras enfermedades virales que son transmitidas por vectores, ofreciendo nuevas esperanzas en la lucha contra estas patologías.



