La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido un contundente informe en el que denuncia la alarmante cifra de 92 ataques dirigidos a instalaciones, vehículos y personal del sector sanitario en Líbano desde el 28 de febrero de este año. Esta escalofriante situación ha dejado un saldo trágico de 53 muertos y 137 heridos, lo que pone de manifiesto el grave deterioro de las condiciones de seguridad en el país y la desprotección de un sector vital como es la salud pública.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, utilizó su cuenta de X para calificar estos actos como inaceptables, enfatizando que "no pueden convertirse en la nueva normalidad". Su declaración se produce tras un ataque reciente cerca del Hospital Universitario Rafik Hariri, el principal centro médico público de Líbano, donde cuatro personas perdieron la vida y 39 resultaron heridas. Este último incidente refleja no solo la vulnerabilidad de las instalaciones de salud, sino también la urgencia de implementar medidas efectivas para proteger a los trabajadores de la salud y a los pacientes que dependen de estos servicios esenciales.

La OMS también destacó que, a finales de marzo, se llegó a un promedio de dos ataques diarios, con un pico alarmante de cinco ataques reportados el 28 de marzo en diversas localidades, como Kfar Tibnit y Jezzine, resultando en nueve muertes. Este incremento de la violencia coincide con la intensificación de las operaciones militares en la región, lo que genera un clima de incertidumbre y temor tanto en la población civil como en el personal médico que lucha para brindar atención en circunstancias extremas.

En un contexto donde el derecho internacional humanitario debe prevalecer, Tedros hizo un llamado a todas las partes involucradas en el conflicto para que asuman sus responsabilidades y garanticen la protección de las instalaciones sanitarias. La protección de los trabajadores de la salud y los pacientes no solo es una cuestión de ética, sino que también es un imperativo legal bajo las normativas internacionales. La comunidad internacional debe actuar con firmeza para asegurar que estos derechos sean respetados en todo momento.

La situación en Líbano es parte de un panorama más amplio de crisis humanitarias que afectan a diversas regiones del mundo, donde los conflictos armados han llevado a un incremento en la violencia contra el personal médico. Esto no solo pone en riesgo la vida de aquellos que están en la línea de frente en la atención de la salud, sino que también impacta gravemente en la capacidad de los sistemas de salud para funcionar de manera efectiva. La OMS ha instado a una mayor colaboración y a un compromiso renovado de los Estados para proteger a los civiles y a los trabajadores de la salud en situaciones de conflicto.

La comunidad internacional enfrenta el desafío de abordar no solo los síntomas de la violencia, sino también las causas subyacentes que perpetúan estos ciclos de violencia en Líbano y en otros lugares. La atención a la salud en zonas de conflicto debe ser priorizada y respaldada por políticas que promuevan la paz y la estabilidad. En este contexto, la denuncia de la OMS es un recordatorio urgente de la necesidad de proteger a los más vulnerables y de garantizar que la atención médica no sea un blanco en los conflictos armados.