El estrés puede surgir de manera inesperada en nuestra rutina diaria, ya sea por un inconveniente laboral, una dificultad económica o incluso un vuelo perdido. No obstante, la manera en que cada individuo reacciona ante estas circunstancias varía considerablemente.

Mientras que algunos se sienten abrumados o incapaces de actuar, otros logran adaptarse con agilidad y serenidad. Esta diferencia no siempre se encuentra en la personalidad de cada uno, sino en una capacidad menos visible pero esencial: la flexibilidad psicológica.

Un estudio reciente de la Universidad de Binghamton ha revelado que hábitos cotidianos como un desayuno regular, un buen descanso y la práctica de ejercicio no solo benefician la salud física, sino que también mejoran la forma en que nuestro cerebro gestiona el estrés y toma decisiones en situaciones adversas. Este estudio se publicó en la revista Journal of American College Health y destaca la importancia de este tipo de hábitos en la vida de los estudiantes.

La flexibilidad psicológica se puede comparar con un sistema de navegación que, cuando está en óptimas condiciones, puede recalcular rutas ante imprevistos. Esta habilidad implica ajustar nuestros pensamientos, emociones y acciones ante cambios inesperados, permitiendo sobrellevar el malestar sin quedar atrapados en él. La profesora Lina Begdache, autora del estudio, enfatiza que esta capacidad permite observar la situación desde una perspectiva diferente y pensar en soluciones en lugar de reaccionar de forma impulsiva.

Por ejemplo, ante la cancelación de un vuelo, una persona que carece de flexibilidad puede sentirse frustrada y paralizada. En cambio, alguien con mayor adaptabilidad puede buscar alternativas o comunicar la situación a las personas involucradas, todo sin permitir que la emoción obstaculice su capacidad de acción.

A diferencia de la resiliencia, que se refiere a la capacidad de recuperarse de situaciones difíciles, la flexibilidad psicológica actúa como un proceso interno que facilita esa recuperación. Este estudio, que analizó a 401 estudiantes universitarios, encontró que hábitos como el consumo frecuente de comida rápida o la falta de sueño están asociados con niveles más bajos de flexibilidad psicológica y resiliencia, lo que sugiere que entrenar esta habilidad es fundamental para enfrentar el estrés de manera efectiva.