En los últimos años, se ha observado un incremento notable en la cantidad de diagnósticos de Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) en personas mayores de 60 años. Este fenómeno ha generado una preocupación creciente en el ámbito de la salud pública, dado que tradicionalmente se consideraba que esta patología afectaba principalmente a individuos jóvenes, entre 15 y 35 años. Sin embargo, la realidad ha cambiado y ahora los adultos mayores representan un porcentaje significativo de los casos, lo que plantea nuevos desafíos tanto para los pacientes como para el sistema sanitario argentino.

Especialistas del Hospital de Clínicas, un centro de referencia en el país, junto con la Fundación Argentina de Ayuda para las personas con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa (FUNDECCU), han destacado que el diagnóstico de EII en este grupo etario suele ser tardío. Esto se debe, en gran parte, a que los síntomas en adultos mayores tienden a ser menos específicos y pueden confundirse fácilmente con otros trastornos digestivos comunes en esta etapa de la vida, como el síndrome de intestino irritable o diverticulosis. La combinación de estos factores puede llevar a un retraso en la identificación de la enfermedad, incrementando la posibilidad de complicaciones graves y dificultando el acceso a tratamientos adecuados.

Fabiana Miele, médica gastroenteróloga y presidenta de FUNDECCU, indica que entre el 10% y el 23% de los diagnósticos de EII actualmente corresponden a pacientes mayores de 60 años. Este cambio en el perfil demográfico de la enfermedad se atribuye al envejecimiento de la población, así como a un aumento global en la incidencia de la EII. La necesidad de un enfoque más integral y adaptado a las características de los adultos mayores es más urgente que nunca.

Las manifestaciones clínicas de la EII en personas mayores pueden ser más sutiles que en sus contrapartes más jóvenes. En lugar de presentar los síntomas típicos como el sangrado rectal, los adultos mayores a menudo debutan con signos como anemia, pérdida de peso y dolor abdominal que no siempre se relacionan de inmediato con la enfermedad inflamatoria. Esta caracterización menos evidente de los síntomas puede enmascarar la EII y retrasar el tratamiento necesario, lo que a su vez puede llevar a un deterioro significativo en la calidad de vida del paciente.

La evolución clínica de la EII en adultos mayores también presenta particularidades que deben ser consideradas. Aunque el comportamiento inflamatorio tiende a ser menos agresivo, las complicaciones asociadas al envejecimiento pueden complicar el manejo de la enfermedad. Por ejemplo, el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal aumenta significativamente a partir de ocho años de diagnóstico de EII, y en los adultos mayores este tiempo se acorta aún más, lo que obliga a una vigilancia constante y rigurosa.

En cuanto al tratamiento, los desafíos son tanto fisiológicos como económicos. La farmacología en este grupo etario se ve afectada por la inmunosenescencia, un proceso natural que reduce la efectividad del sistema inmunológico con la edad. Esto implica que las estrategias de tratamiento deben ser personalizadas y considerar la coexistencia de otras enfermedades. Además, el acceso a tratamientos innovadores puede ser limitado por cuestiones económicas y de cobertura, lo que repercute directamente en la capacidad de los pacientes para recibir la atención adecuada que necesitan.

Con el objetivo de abordar esta problemática, es fundamental fomentar la concienciación sobre la EII entre los profesionales de la salud y la población en general. La formación continua y la actualización sobre los últimos avances en el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad son esenciales para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores afectados. En este sentido, la colaboración entre instituciones de salud, organismos gubernamentales y organizaciones no gubernamentales se vuelve crucial para garantizar un abordaje integral y efectivo de la EII en este segmento de la población.