En un reciente estudio realizado por Médicos Sin Fronteras (MSF), se revelan las alarmantes consecuencias que la crisis alimentaria, exacerbada por el bloqueo de la ayuda humanitaria en Gaza, ha tenido en la salud de mujeres embarazadas y lactantes, así como en la de recién nacidos y bebés. El análisis, publicado recientemente, indica que el sufrimiento de esta población vulnerable ha alcanzado niveles críticos, lo que pone de manifiesto la gravedad de la situación que enfrenta la región desde hace más de un año.

Entre octubre de 2024 y finales de 2025, los equipos de MSF atendieron a un total de 513 niños menores de seis meses, de los cuales un asombroso 91% estaba en riesgo de sufrir problemas de crecimiento y desarrollo. Esta cifra alarmante refleja no solo la desnutrición, sino también las secuelas a largo plazo que puede tener en el futuro de estos menores, quienes son los más vulnerables ante la inseguridad alimentaria y la falta de acceso a atención médica adecuada. La crisis ya había comenzado a manifestarse con la pérdida de seguimiento médico: en diciembre de 2025, 200 bebés habían abandonado los programas de atención, de los cuales el 32% (64 niños) lo hizo por razones de seguridad y desplazamiento, mientras que un 7% (14 bebés) no sobrevivió.

La situación crítica se ha ido deteriorando desde enero de 2024, cuando se identificaron los primeros casos de malnutrición infantil. Hasta febrero de 2026, MSF atendió a 4,176 menores que presentaban esta condición, además de 3,336 mujeres que sufrían de malnutrición aguda. Estos datos evidencian la gravedad de la crisis, que no solo afecta a los niños, sino que también tiene un impacto significativo en la salud de las madres. Más de la mitad de las mujeres atendidas por MSF durante este período reportaron haber experimentado malnutrición en algún momento de su embarazo, y un 25% continuaron desnutridas tras el parto, lo que puede tener repercusiones en su salud y la de sus hijos.

La coordinadora médica de MSF para Palestina, Marina Pomares, destacó que las familias se han visto obligadas a adoptar mecanismos de supervivencia. En este contexto, se ha priorizado la alimentación de los hombres y los niños en detrimento de las madres, lo que agrava aún más la situación de desnutrición entre las mujeres. Esta desigualdad en la distribución de alimentos revela no solo la crisis alimentaria, sino también la urgencia de abordar las dinámicas de género en situaciones de emergencia.

Además, el estudio pone de manifiesto un aumento en los abortos espontáneos, que se ha relacionado con el estrés derivado de la inseguridad y la dificultad para acceder a la ayuda humanitaria. Este aspecto resalta cómo la salud mental y emocional de las mujeres está íntimamente ligada a la situación de crisis en Gaza, donde las condiciones de vida han llegado a ser inhumanas. Las agencias internacionales han advertido que, durante gran parte de 2025, aproximadamente tres cuartas partes de la población gazatí padecían altos niveles de inseguridad alimentaria, culminando en agosto con la declaración del primer estado de hambruna en la región, un hecho sin precedentes en Oriente Medio.

José Mas, jefe de emergencias de MSF, subrayó que, a pesar de que el reciente alto el fuego ha proporcionado cierta estabilidad, la realidad en Gaza sigue siendo extremadamente frágil. Los equipos de la organización continúan recibiendo nuevos pacientes con malnutrición, lo que indica que la crisis no ha terminado. "La población de Gaza se ve obligada a soportar condiciones de vida deliberadamente indignas y carece de acceso a ayuda, ingresos y recursos básicos", concluyó Mas, enfatizando la necesidad urgente de un enfoque humanitario que priorice la salud y el bienestar de las comunidades afectadas por el conflicto.