La lectura a través de dispositivos digitales ha suscitado un intenso debate en el ámbito educativo y de la salud mental, especialmente en lo que respecta a la comprensión de textos en niños y adolescentes. Diversos especialistas en psicología cognitiva han señalado que las características inherentes a las pantallas, como las distracciones constantes y la tendencia a una lectura superficial, pueden afectar significativamente la capacidad de entender lo que se lee. Esta problemática ha cobrado especial relevancia en el contexto actual, en el que muchos sistemas educativos han adoptado plataformas digitales como sustituto de los libros impresos.
Una de las investigaciones más destacadas proviene de la Universidad Macquarie, ubicada en Sídney, Australia. Los estudios realizados allí han puesto de manifiesto que la forma en que nuestros ojos se mueven al leer, así como la actividad cerebral asociada, son factores cruciales en el proceso de comprensión. En este sentido, los expertos advierten que el entorno de lectura y el desarrollo cognitivo del lector son aspectos determinantes para el éxito del aprendizaje. Esta preocupación se ha visto exacerbada por la reciente decisión del gobierno sueco de eliminar el uso de dispositivos digitales en el aula, en un intento por fomentar el uso de libros físicos.
El proceso de lectura es complejo y requiere de un esfuerzo considerable, algo que no es innato en los seres humanos. Según Erik D. Reichle y Lili Yu, profesores de la Universidad Macquarie, la lectura no es una habilidad que el cerebro humano haya evolucionado para dominar fácilmente, lo que implica que los niños y jóvenes deben invertir tiempo y dedicación para adquirirla. En este marco, se han observado que durante la lectura, los ojos realizan movimientos rápidos denominados sacadas, alternando entre palabras y períodos de fijación, donde la atención se concentra en un solo punto.
Un aspecto fundamental que recalcan los investigadores es el limitado rango visual que posee un lector en el momento de la lectura. En idiomas que se leen de izquierda a derecha, como el español o el inglés, la región perceptiva se extiende desde dos o tres palabras a la izquierda del punto de fijación hasta ocho o doce a la derecha. Esta restricción visual, junto con el tiempo que tarda la información en procesarse en el cerebro, establece límites en la velocidad de lectura, que oscila generalmente entre 300 y 400 palabras por minuto, dependiendo de la complejidad del texto y del nivel de habilidad del lector.
La llegada de la pandemia de COVID-19 ha intensificado el debate sobre la comprensión lectora en entornos digitales. Muchos estudiantes se han visto obligados a adaptarse a un sistema educativo en línea, lo que ha generado preocupaciones sobre su capacidad para absorber y entender la información de manera efectiva. La dependencia de métodos de lectura rápida, que a menudo promueven una comprensión superficial, también ha sido objeto de crítica, ya que se ha demostrado que la velocidad de lectura puede afectar negativamente la comprensión del contenido.
Por tanto, es crucial que tanto educadores como padres sean conscientes de las diferencias en la forma de procesar la información entre medios digitales y libros impresos. La elección del formato de lectura puede influir en el desarrollo de habilidades lectoras, y las recomendaciones de expertos sugieren que fomentar la lectura en soporte físico podría ofrecer beneficios para la comprensión y el aprendizaje a largo plazo. La cuestión no se limita a la tecnología en sí, sino a cómo y en qué condiciones se lleva a cabo la lectura, lo cual podría tener un impacto duradero en las futuras generaciones de lectores.



