La osteoporosis avanza de manera silenciosa y, en muchas ocasiones, solo se manifiesta cuando se produce una fractura. Sin embargo, pocos son conscientes de que ciertos hábitos cotidianos pueden debilitar los huesos sin que se perciba. Especialistas de Harvard han señalado que conductas diarias, que parecen inofensivas —como la alimentación y el nivel de actividad física—, afectan directamente la densidad ósea, convirtiendo decisiones rutinarias en factores de riesgo que suelen ser subestimados.

Este proceso de deterioro puede impactar tanto a hombres como a mujeres y se intensifica con la edad, dificultando tanto la prevención como el diagnóstico temprano. La pérdida de densidad ósea puede desarrollarse a lo largo de los años sin mostrar síntomas evidentes, lo que complica su detección.

El calcio es fundamental para mantener la fortaleza ósea, y la ingesta diaria recomendada asciende a 1.000 miligramos para adultos, y a 1.200 miligramos para mujeres mayores de 50 y hombres a partir de los 70. Un consumo excesivo de cafeína o de bebidas carbonatadas puede interferir en la absorción de este mineral. Además, la proteína, esencial para la regeneración muscular y ósea, a menudo se encuentra en déficit en dietas mal equilibradas. Las fuentes más recomendables son las carnes, aves, pescados y legumbres. Asimismo, el consumo excesivo de alcohol y el sedentarismo son factores de riesgo adicionales que limitan la formación de nuevo tejido óseo y aumentan la probabilidad de fracturas.