Médicos Sin Fronteras (MSF) ha declarado el inicio de un plan de emergencia en la provincia de Ituri, al norte de la República Democrática del Congo (RDC), en respuesta a un brote de ébola que ha dejado, según datos de Naciones Unidas, alrededor de 80 muertes potenciales y 246 casos sospechosos. Esta situación crítica ha llevado a la ONG a movilizar recursos y personal capacitado para controlar la propagación del virus en una región ya afectada por múltiples crisis humanitarias.

El alarmante incremento en el número de decesos relacionados con una fiebre hemorrágica fue reportado el pasado fin de semana, cuando MSF comenzó a recibir notificaciones sobre un aumento inusual de muertes en el noroeste de Bunia, la capital provincial. A raíz de las alertas, un equipo de la ONG, en colaboración con el Ministerio de Salud local, pudo confirmar que desde principios de abril se habían registrado al menos 55 fallecimientos.

Además de las muertes confirmadas, se han detectado casos sospechosos en distintas áreas de atención sanitaria de Bunia y Rwampara, lo que aumenta la preocupación sobre la rápida propagación del virus. Este brote es particularmente inquietante, ya que está causado por la cepa Bundibugyo del virus del ébola, que, a diferencia de la cepa Zaire, no cuenta con tratamientos o vacunas aprobados, lo que agrava la situación de salud pública.

La dimension regional del brote también es motivo de preocupación, dado que Uganda ha reportado un caso de ébola Bundibugyo en un ciudadano congoleño de 59 años que falleció el día anterior. Trish Newport, responsable del Programa de Emergencias de MSF, enfatizó la gravedad de la situación al señalar que la cantidad de casos y muertes en un lapso tan corto, junto con la expansión del virus más allá de las fronteras, resulta extremadamente alarmante.

La provincia de Ituri enfrenta un contexto de inseguridad crónico, exacerbado por la actividad de grupos armados como las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), que están vinculadas al Estado Islámico. Este entorno de violencia limita el acceso a atención médica y hace que la respuesta a la crisis de salud sea aún más urgente. Newport agregó que es esencial implementar una respuesta rápida y efectiva para evitar una mayor propagación del virus.

MSF ya ha desplegado equipos en las áreas afectadas, donde están evaluando las necesidades médicas y trabajando en estrecha colaboración con las autoridades sanitarias congoleñas. En la clínica de Salama, situada en Bunia, se están atendiendo actualmente tres casos sospechosos que han sido aislados para prevenir contagios.

Para abordar esta crisis, MSF ha comenzado a movilizar a personal médico, logístico y de apoyo con experiencia en el manejo de brotes de fiebres hemorrágicas virales. Asimismo, se están enviando suministros esenciales con el objetivo de implementar una respuesta de emergencia a gran escala en el menor tiempo posible. Cabe destacar que la tasa de mortalidad estimada para la cepa Bundibugyo varía entre el 25% y el 40%, lo que subraya la gravedad del tercer brote registrado relacionado con esta cepa, tras los ocurridos en Uganda entre 2007 y 2008 y en la RDC en 2012.