Recientes estudios científicos han puesto de relieve que consumir un puñado de maní sin sal puede tener un efecto notable en la salud del corazón. Este alimento, común en diversas culturas y frecuentemente menospreciado en comparación con otros frutos secos, se destaca por su capacidad para disminuir el colesterol LDL y proteger el sistema cardiovascular. Aunque clasificado como legumbre, el maní posee características nutricionales comparables a las de los frutos secos más reconocidos, combinando grasas saludables, fibra, proteínas y antioxidantes.
El maní ha sido considerado un aliado esencial en la prevención de enfermedades crónicas, respaldado por instituciones como la Asociación Americana del Corazón y la Clínica Cleveland. Estas organizaciones, junto a investigaciones de universidades de prestigio, han confirmado la relevancia del maní en la dieta. Su efecto sobre los niveles de colesterol es significativo: las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas presentes en el maní pueden ayudar a reducir el colesterol LDL, conocido como el colesterol “malo”, y a aumentar el HDL, o colesterol “bueno”.
Un interesante estudio liderado por Rosa Lamuela en la Universidad de Barcelona, publicado en Clinical Nutrition, encontró que la incorporación de maní a la dieta diaria no solo mejoró los niveles de colesterol, sino también marcadores de inflamación y estrés oxidativo. Adicionalmente, una investigación de la Universidad de Osaka reveló que consumir entre 4 y 5 maníes al día podría reducir en un 20% el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular isquémico. Con un perfil nutricional que incluye proteínas de alta calidad, fibra, y antioxidantes como polifenoles y resveratrol, el maní se perfila como un alimento completo que contribuye a una mejor salud general.



