En un alarmante giro de los acontecimientos, médicos en Sudán han reportado una grave crisis en el sector salud de la ciudad de Dilling, ubicada en el estado de Kordofán del Sur. Durante el último fin de semana, la Red de Médicos de Sudán hizo pública una denuncia sobre una serie de bombardeos llevados a cabo por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar que se ha enfrentado al Ejército sudanés desde 2021. Esta situación ha dejado a la mayoría de los hospitales y centros médicos de la región dañados o completamente fuera de servicio, sumiendo a la población en una crisis humanitaria sin precedentes.

La organización médica describe este ataque como un "bombardeo sistemático" que ha colapsado casi por completo el sistema de salud en Dilling. La escasez de suministros médicos ha alcanzado niveles críticos, lo que pone en riesgo la vida de miles de personas que dependen de servicios de atención médica vitales. En este contexto, Dilling se ha convertido en el nuevo epicentro del conflicto, en un país que ya se encontraba al borde del abismo humanitario.

Los médicos han señalado que los bombardeos no solo son atribuibles a las RSF, sino también a milicias del Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte (SPLM-N), lideradas por Abdulaziz al Hilu, un aliado clave de las RSF. Esta complicidad entre grupos armados ha exacerbado la situación, con hospitales fundamentales como el Universitario, el Militar y otros centros de salud en Dilling reportando inoperatividad. Se estima que alrededor de diez centros médicos han sido afectados, incluidos aquellos que ofrecen servicios críticos de nutrición y salud reproductiva.

A pesar de las graves acusaciones, las RSF han optado por el silencio ante estas denuncias, una táctica que han utilizado en el pasado para deslegitimar las afirmaciones de ataques a instalaciones civiles. En lugar de reconocer la situación, el grupo paramilitar ha denunciado que las acusaciones son meras maniobras de propaganda del Ejército sudanés, lo que complica aún más el panorama para los ciudadanos atrapados en medio del conflicto.

Las estadísticas son desoladoras. Según el Comité del Sindicato de Médicos de Sudán, desde el inicio de la guerra en abril de 2023, al menos 222 profesionales de la salud han perdido la vida y 378 han resultado heridos. Más de 2.000 centros de salud han sido destruidos, lo que indica una devastación sin precedentes en el sistema sanitario del país. La situación se agrava con cada día que pasa, ya que la violencia se extiende a otras áreas del país.

El conflicto en Sudán no se limita a Kordofán del Sur. Recientemente, al menos cinco personas murieron en un ataque con drones de las RSF contra un vehículo civil cerca de Omdurman, mientras que otros seis fallecieron en un ataque similar en Gezira, donde el objetivo fue el hogar de un comandante de un grupo armado aliado del Ejército. Este ciclo de violencia, que no muestra signos de desaceleración, está llevando al país hacia una crisis humanitaria aún más profunda, con un impacto devastador en la población civil.

La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos en Sudán, donde los efectos de la guerra se sienten en cada rincón del país. La necesidad de asistencia humanitaria es urgente, y el estado de salud de la población se convierte en un reflejo de la grave situación que atraviesa el país. La falta de acceso a atención médica, sumada a la violencia y la inestabilidad, plantea un escenario crítico que requiere atención inmediata y un enfoque integral para mitigar el sufrimiento de millones de sudaneses.