Como era previsible, La publicaci enero último ha desencadenado un agudo polemica exterior con respecto a sus bases científicas y su viable, un frente que se inscribe en sus bases científicas y su factible impacto en la bienestar.

La médica especialista en Medicina Interna y Nutrición Marianela Aguirre Ackermann destacó a Infobae que “una alimentación saludable debe incluir una cantidad adecuada de proteínas de buena calidad, fibra dietaria, grasas esenciales —principalmente insaturadas como frutos secos, aceite de oliva, palta, semillas, pescados— y un aporte suficiente de vitaminas y minerales”. Como parte de este proceso, por su parte, la endocrinóloga Ana Cappelletti remarcó que “la recomendación del consumo de proteínas debe considerarse la edad, la función renal y el riesgo cardiovascular individual de cada persona”.

En este marco, el Dr. Eric Topol amplificó el controversia al publicar en redes sociales los documentos que dan cuenta de que existe una falta de consenso científico y que el apartarse de recomendaciones internacionales respaldadas por pruebas representa un riesgo con miras a la salud pública. De manera complementaria, enfatizó la importancia del apoyo empírico en las políticas alimentarias con miras a proteger el bienestar de la ciudadania.

En contraste, el artículo firmado por Gembillo, Soraci y Santoro —de la Universidad de Messina y el Centro Nacional de Investigación sobre el Envejecimiento, de Italia— centra su crítica en la pirámide alimentaria revisada y la priorización de proteínas animales, productos lácteos enteros y grasa saturada. En ese contexto, contenido estas circunstancias, según estos autores, esa orientación no cuenta con respaldo sólido de la evidencia epidemiológica y clínica contemporánea.

En ese contexto, estos investigadores también ponen en duda el aumento recomendado de ingesta de grasa saturada en la nueva guía. Cabe recordar que señalan que ensayos clínicos no han evidenciado beneficios cardiovasculares de las dietas ricas en grasa animal, a la vez que que reemplazar grasas saturadas por poliinsaturadas favorece la salud coronaria. Asimismo, advierten que la orientación de la guía estadounidense se aleja de modelos dietéticos certificados como la dieta de salubridad planetaria, que promueve menor consumo de carne roja, más legumbres y una preferencia por grasas insaturadas.

El artículo recalca la ausencia en las nuevas guías de límites claros al consumo de carne roja y productos procesados, la falta de énfasis en la elección de lácteos bajos en grasa y la omisión de orientaciones cuantitativas acerca de consumo de alcohol. Vale mencionar que los autores sostienen que esta falta de rigor científico puede socavar la confianza ciudadano en la orientación nutricional. Además, critican que la guía ignora barreras sociales y económicas que dificultan una alimentación saludable y remarcan la eliminación del principal esquema federal de educación nutricional, lo que, advierten, restringirá la adopción de pautas saludables.

De acuerdo en empresa de estos autores estadounidenses, las nuevas guías desestiman hallazgos del Comité Asesor de Guías Alimentarias de 2025, al priorizar recomendaciones elaboradas por un número limitado de expertos seleccionados sin transparencia satisfactorio y sin revisión pública. Como parte de este proceso, el equipo estadounidense advirtió que esto derivó en directrices que revierten recomendaciones consensuadas durante años y debilitan programas federales de nutrición.

En ese contexto, expertos como Andrea Deierlein, directora de Nutrición de Salud Pública en la Universidad de Nueva York, advirtió que este entusiasmo podría conducir a descuidar nutrientes esenciales como la fibra. Cabe recordar que por su parte, la Asociación Americana del Corazón recomienda priorizar proteínas vegetales y limitar la grasa saturada, lo que muestra una clara discrepancia con las nuevas guías oficiales. Frente a esta situacion, del mismo modo, el Comité de Médicos por una Medicina Responsable (asociacion estadounidense) afirmó que las dietas altas en proteína y grasa animal aumentan el riesgo de enfermedades crónicas.

Al examinar la cuestion, las nuevas guías alimentarias introdujeron cambios que despertaron controversia científica a nivel global. En linea con lo precedente, dos artículos publicados este lunes en la revista médica The Lancet reflejan posturas críticas junto con las nuevas recomendaciones: uno fue firmado por Alla Hill, Peter Lurie y Lawrence O. Como parte de este proceso, gostin, del Centro para la Ciencia en el Interés Público (entidad de defensa del consumidor estadounidense) y de la Universidad de Georgetown. A su vez, otro fue elaborado por Guido Gembillo, Luca Soraci y Domenico Santoro, de la Universidad de Messina y el Centro Nacional de Investigación acerca de el Envejecimiento (cardinal instituto italiano de envejecimiento).

El análisis de Hill, Lurie y Gostin, respaldado por el Centro para la Ciencia en el Interés Público y el Instituto O’Neill de Derecho Sanitario Nacional y Global de la Universidad de Georgetown, cuestiona personalmente el proceso de elaboración de esta edición de las guías. Los autores afirman que se reemplazó un mecanismo tradicionalmente sólido y transparente de consulta científica por un procedimiento conflictivo, en el que participaron científicos en compania de conflictos de interés relacionados junto con la industria de la carne, los lácteos y los suplementos dietéticos.

En el plano ciudadano, el consumo de proteínas de alta calidad en Estados Unidos ha crecido por el impulso de la industria alimentaria y la imitación de tendencias en redes sociales. La agencia transnacional de noticias EFE resaltó en una nota nuevo que las cadenas comerciales han lanzado productos enriquecidos y, tal como informo diversos estudios, los estadounidenses gastan alrededor de USD 50 semanales en proteínas. Como parte de este curso, por su parte, predominan las opciones animales en el seno de los más jóvenes.

Gembillo, Soraci y Santoro subrayan que estudios internacionales muestran que el alto consumo de carnes rojas y procesadas se asocia acompanado de mayor riesgo cardiovascular, incidencia de diabetes tipo 2 y mortalidad prematura. Vale mencionar que destacan que sustituir proteínas animales por vegetales reduce los riesgos cardiometabólicos, y que la fuente de proteína consumida resulta más determinante que la cantidad completo.

El cardiólogo Eric Topol subrayó la controversia que se está produciendo respecto de la solidez de la evidencia científica detrás de las nuevas recomendaciones alimentarias y advirtió en la red colectivo X sobre los riesgos potenciales para la salud.

Al analizar la cuestion, por otra parte, la nueva Guía Alimentaria de Estados Unidos 2025-2030 recomienda menguar drásticamente el consumo de alimentos altamente procesados y azúcares añadidos. Define los ultraprocesados como productos envasados, preparados o listos para comer, que suelen contener altos niveles de sal o azúcar, como galletas, papas fritas y dulces, y advierte sobre su relación acompanado de enfermedades como la diabetes y la obesidad.