En los últimos años, el impacto del uso de dispositivos electrónicos en el desarrollo infantil ha captado la atención de expertos en salud. La Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP) ha alertado sobre un fenómeno preocupante: el tiempo excesivo que los niños pasan frente a pantallas está asociado con la aparición de síntomas que pueden recordar a los del trastorno del espectro autista (TEA). Esta situación ha llevado a los profesionales a instar a las familias a tomar conciencia sobre los riesgos que conlleva una exposición temprana y prolongada a las tecnologías digitales.

La SENEP ha señalado que los menores que utilizan dispositivos electrónicos en exceso tienden a presentar dificultades en la comunicación social, una respuesta reducida cuando se les llama por su nombre, escaso contacto visual y una inclinación al aislamiento. Estos comportamientos han sido cada vez más evidentes en las consultas de Neuropediatría, lo que ha generado inquietud entre los especialistas por su similitud con los síntomas del TEA. Sin embargo, es importante destacar que el término "autismo digital" no es reconocido como un diagnóstico formal, lo que subraya la necesidad de un análisis más profundo sobre las causas subyacentes de estos síntomas.

La doctora Begoña Huete, cocordinadora del Grupo de Trabajo de Trastornos del Neurodesarrollo de la SENEP, enfatizó la importancia de diferenciar entre los casos que tienen una base neurobiológica y aquellos que pueden ser atribuibles al uso excesivo de pantallas. La creciente cantidad de consultas relacionadas con estos síntomas, especialmente alrededor del Día Mundial del Autismo, refleja una preocupación creciente entre los profesionales de la salud. Huete destacó que los padres deben ser educados sobre las señales de alerta y las implicaciones del uso desmedido de dispositivos electrónicos en los niños.

El TEA, como condición del neurodesarrollo, se caracteriza por dificultades persistentes en la comunicación social, así como por patrones de comportamiento repetitivos y restringidos. Según datos de la SENEP, la prevalencia del TEA en España se estima en una de cada cien personas, lo que representa aproximadamente quinientas mil personas afectadas. La doctora Huete explicó que el aumento en el número de diagnósticos en las últimas dos décadas puede atribuirse a múltiples factores, incluyendo avances en los criterios diagnósticos, mayor capacitación de los neuropediatras y un crecimiento en la conciencia social sobre este trastorno.

Un aspecto relevante a considerar es el cambio normativo que se produjo con la transición del DSM-IV al DSM-V en 2013. Este cambio agrupó diversas condiciones que antes se consideraban independientes, como el síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado, dentro de una única categoría diagnóstica de TEA. Este enfoque ha facilitado una identificación más precisa de los casos, permitiendo a los especialistas ofrecer intervenciones más adecuadas a las necesidades de cada niño.

El proceso de diagnóstico del TEA es llevado a cabo por neuropediatras, quienes realizan una evaluación multidisciplinaria que incluye la recopilación de antecedentes clínicos, la observación directa de la conducta y un examen físico y neurológico exhaustivo. La complejidad del diagnóstico y la necesidad de un enfoque integral subrayan la importancia de una intervención temprana y adecuada, no solo para aquellos que efectivamente presentan TEA, sino también para aquellos cuyos síntomas podrían estar relacionados con el uso excesivo de pantallas. Este contexto resalta la urgencia de educar a los padres y cuidadores sobre los posibles efectos negativos de la tecnología en el desarrollo de los niños, fomentando un equilibrio en su uso.

En conclusión, la preocupación por el uso excesivo de pantallas por parte de los niños y su posible relación con síntomas similares al autismo es un tema que merece atención. La SENEP hace un llamado a la sociedad para que tome conciencia sobre este fenómeno y promueva un uso responsable de la tecnología en la infancia. La salud y el desarrollo de las nuevas generaciones dependen, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy en día respecto a la exposición digital de los más pequeños.