La salud cardiovascular en Estados Unidos enfrenta una alarmante nueva realidad, ya que se ha registrado un incremento significativo en la mortalidad por ataques cardíacos severos entre adultos menores de 55 años. Un reciente estudio publicado en el Journal of the American Heart Association revela que, entre 2011 y 2022, la tasa de fallecimientos por infartos en este grupo etario se disparó un 57%. Esta tendencia desafía los avances médicos logrados en las últimas décadas y plantea interrogantes sobre las causas detrás de esta alarmante situación.

El análisis de casi un millón de historias clínicas de personas hospitalizadas por un primer infarto grave revela que la mayoría de las víctimas eran hombres, especialmente en el rango de edad de 45 a 54 años, donde más del 75% de los casos corresponden a varones. Además, un 71% de los fallecidos se encontraban en el extremo superior de la franja analizada, lo que subraya la necesidad de prestar atención a este grupo demográfico que tradicionalmente no se consideraba de alto riesgo.

Entre los principales factores de riesgo identificados se destacan la hipertensión arterial, el colesterol elevado, el tabaquismo y la diabetes. Un 60% de los pacientes hospitalizados presentaba hipertensión, y más de la mitad reportó tener colesterol alto y ser fumadores. La situación se complica aún más para quienes viven en condiciones de bajos ingresos, ya que el acceso limitado a tratamientos y controles médicos puede influir negativamente en la evolución de su salud cardiovascular. El estudio también revela que, aunque la mortalidad por infartos severos es mayormente masculina, las mujeres presentan tasas de mortalidad superiores cuando sufren un ataque cardíaco, lo que pone de manifiesto la necesidad de una mayor atención a la salud cardíaca femenina.