La gordofobia es un fenómeno que trasciende el ámbito de los prejuicios individuales y estéticos, constituyéndose en un verdadero sistema opresor que afecta la vida de las personas. Así lo afirmó Patricia Matus Alonso, investigadora posdoctoral del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, durante su ponencia titulada “Gordofobia: un dispositivo productor de padecer”. En su discurso, Matus Alonso subrayó que esta problemática se manifiesta a través de una red de violencias que operan de forma sutil en diversos aspectos de la vida cotidiana.

La académica definió la gordofobia como una estructura que entrelaza dinámicas de violencia y racismo, ya que impone un único modelo corporal que invisibiliza la diversidad entre las personas. Esta presión social no se limita a un grupo específico, sino que se encuentra presente en ámbitos íntimos y públicos, como el sector de la salud o la moda, donde se perpetúa la noción de que solo un cuerpo delgado puede ser considerado saludable y aceptable.

Matus Alonso, quien ha investigado las experiencias de mujeres en el Istmo de Tehuantepec, destacó que, en esta región, la gordura ha sido tradicionalmente asociada con el bienestar. Sin embargo, esta percepción está en transformación, especialmente entre las generaciones más jóvenes, influenciadas por discursos globales. La investigadora advirtió que esta presión constante por cumplir con estándares de belleza específicos genera un malestar físico y emocional, lo que pone de manifiesto la vulneración de la dignidad individual y la idea de que solo a través de la delgadez se puede obtener respeto social.