Las autoridades de Argentina y Chile han elevado el nivel de alerta del Complejo Volcánico Nevados de Chillán, situado en la región chilena del Ñuble, en respuesta a un aumento significativo de la actividad sísmica y superficial del volcán. Esta decisión, anunciada por el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) y el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (Sernageomin), se enmarca dentro de un esfuerzo por garantizar la seguridad de las comunidades cercanas, especialmente en la provincia argentina de Neuquén, donde se localizan poblaciones a pocos kilómetros del volcán.

El incremento en la actividad eruptiva del volcán ha sido motivo de preocupación en los últimos días, con la ocurrencia de múltiples episodios de explosiones menores que han llevado a las autoridades a reforzar el monitoreo de la situación. Las comunidades argentinas más cercanas, como Las Ovejas, Manzano Amargo y Varvarco, se encuentran entre 50 y 100 kilómetros de distancia, lo que implica un potencial riesgo si la actividad volcánica se intensifica. Según datos del SEGEMAR, el Complejo Volcánico Nevados de Chillán ocupa el décimo lugar en el Ranking de Riesgo Volcánico de Chile, lo que resalta la importancia de mantener un seguimiento constante sobre su comportamiento.

La historia reciente del volcán incluye un ciclo eruptivo que se extendió entre 2015 y 2022, durante el cual se registraron explosiones de baja magnitud y la emisión de material piroclástico, así como gases y ceniza. Actualmente, el área de peligro inmediato se establece dentro de un radio de un kilómetro del cráter activo, todo dentro del territorio chileno. Este contexto histórico es crucial para comprender la naturaleza del riesgo que representa el volcán y la necesidad de estar preparados ante posibles eventualidades.

El sistema de alertas volcánicas juega un papel fundamental en la gestión del riesgo en la región. En Argentina, el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR) clasifica las alertas en dos categorías principales: las alertas emitidas por el Sistema de Protección Civil, que tienen como objetivo proteger a la población y la infraestructura; y las alertas técnicas, que reflejan el estado del volcán de acuerdo a los análisis realizados por la red de vigilancia. Cada color de alerta, que va desde verde hasta rojo, indica diferentes niveles de peligro, siendo el amarillo una advertencia sobre cambios en la actividad volcánica y la necesidad de vigilancia reforzada.

El reciente cambio al nivel de Alerta Técnica Amarilla se justifica por un aumento documentado en la actividad superficial del volcán. Desde el 15 de junio de 2026, se han registrado al menos cinco pulsos de material piroclástico que alcanzaron alturas de hasta 160 metros sobre el cráter. Estos eventos son indicativos de presiones internas crecientes en el sistema volcánico, lo que podría señalar cambios significativos en su comportamiento.

Las emisiones de gases, cenizas y fragmentos de roca volcánica son fenómenos que, aunque breves, requieren atención constante. La dinámica del volcán puede cambiar rápidamente, lo que subraya la importancia de mantener a las comunidades locales informadas y preparadas ante cualquier eventualidad. El monitoreo continuo y la comunicación efectiva entre los organismos responsables en ambos países serán esenciales para mitigar cualquier riesgo asociado con la actividad del Nevados de Chillán.