Desde el regreso del régimen talibán al poder en Afganistán, las mujeres enfrentan una creciente pérdida de derechos y de autonomía. En los últimos cinco años, más de 160 decretos estuvieron dirigidos a controlar su vestimenta, con fuertes penalizaciones, y a limitar sus posibilidades de expresión y movimiento. Las medidas también restringieron su participación en la vida pública y las excluyeron de la educación secundaria y superior, además de reducir su capacidad para tomar decisiones.
La situación repercute de manera directa en sus condiciones de vida. La falta de oportunidades laborales provoca severos apremios económicos, mientras que un relevamiento de las Naciones Unidas registró niveles crecientes de estrés, preocupación y presión, en línea con el deterioro de la salud mental de las mujeres afganas. Según ese relevamiento, la mitad de ellas sale de sus casas apenas una o dos veces al mes, una limitación que profundiza su aislamiento.
La actriz Meryl Streep había denunciado en 2024 ante la Organización de las Naciones Unidas que, en Kabul, una gata y una ardilla tienen más derechos que una mujer o una niña, a quienes se les prohíbe el acceso a un parque público. También afirmó que hasta un pájaro puede cantar allí, mientras una mujer tiene prohibido usar su voz en público. Su reclamo buscó convocar al apoyo internacional para visibilizar la situación y evitar que el mundo olvide a las mujeres afganas.



