En un mundo donde el teletrabajo y el consumo de contenido digital han llevado a un aumento considerable del tiempo que pasamos sentados, un reciente estudio sueco ofrece una perspectiva innovadora sobre la relación entre el sedentarismo y la salud cerebral. Esta investigación, que abarcó casi dos décadas de seguimiento a más de 20.000 adultos, indica que no todas las actividades sedentarias tienen el mismo efecto sobre el riesgo de demencia, sugiriendo que la naturaleza de lo que hacemos mientras estamos sentados es crucial para proteger nuestra función cognitiva.
Los hallazgos, publicados en la revista American Journal of Preventive Medicine, revelan que las actividades que requieren un esfuerzo mental, como trabajar en una oficina o dedicarse a manualidades como el tejido, pueden actuar como un escudo frente a la demencia. Contrariamente, las horas pasadas frente al televisor no ofrecen ningún beneficio cognitivo. Este estudio pone de manifiesto la importancia de diferenciar entre los distintos tipos de sedentarismo, destacando que el sedentarismo pasivo no solo no tiene efectos protectores, sino que podría contribuir al riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas.
El estudio se fundamentó en la Cohorte Nacional Sueca de Marzo, que comenzó en 1997 y ha seguido a más de 20.800 adultos de entre 35 y 64 años. Los participantes completaron encuestas detalladas que les llevaron a clasificar el tiempo dedicado a diversas actividades sedentarias, diferenciando entre aquellas que son cognitivamente activas, como el trabajo administrativo y el tejido, y aquellas pasivas, como el visionado de televisión. Con estos datos, los investigadores lograron establecer correlaciones significativas entre el tipo de actividad y el desarrollo de demencia con el paso del tiempo.
Tras un seguimiento promedio de 19,2 años, se confirmaron 569 casos de demencia mediante la comparación con registros nacionales de diagnóstico en Suecia. Los análisis estadísticos aplicados en el estudio incluyeron dos enfoques: uno que evaluó cada tipo de actividad de manera individual y otro que examinó la distribución del tiempo entre todas las actividades diarias. Los resultados mostraron que dedicar una hora adicional a actividades mentalmente estimulantes puede reducir el riesgo de demencia entre un 4% y un 11%, dependiendo del modelo utilizado.
Los investigadores subrayaron que dedicar al menos una hora diaria a actividades que demanden un compromiso mental es una meta alcanzable para la mayoría de las personas y podría ser un factor clave en la preservación de la salud cerebral a medida que envejecemos. Aunque el estudio no identificó el sedentarismo pasivo como un factor de riesgo claro por sí mismo, sí sugirió una tendencia negativa que merece atención y seguimiento.
Particularmente, el efecto protector de las actividades sedentarias mentalmente activas fue más notable entre los participantes de 50 a 64 años. Esto se relaciona con la teoría de la “reserva cognitiva”, que propone que las experiencias y aprendizajes a lo largo de la vida pueden ayudar a crear un ‘colchón’ que protege contra el deterioro cognitivo. En este sentido, fomentar actividades que estimulen el cerebro podría ser una estrategia eficaz para mejorar la calidad de vida y reducir la incidencia de demencia en la población adulta mayor.



