La presencia persistente del hongo Fusarium ha convertido a la marchitez, conocida como enfermedad de Panamá, en uno de los principales desafíos para el cultivo de bananas. Esta enfermedad, provocada por cepas del Race 4, causa la destrucción de plantaciones y deja residuos infecciosos en los suelos agrícolas, lo que pone en riesgo la producción de este fruto esencial.
El sector bananero, que proporciona alimento a más de 400 millones de personas, enfrenta una situación crítica: el 80% de su producción se destina al consumo interno y contribuye entre el 15% y el 27% de las calorías diarias en varias regiones tropicales y subtropicales. Una caída en la producción no solo afectaría la seguridad alimentaria, sino que también impactaría negativamente las economías agrícolas de muchos países.
Con un mercado que mueve aproximadamente 140 mil millones de dólares, la industria bananera es vital para la alimentación de millones de personas. Ante esta realidad, Mohammad Abu-Ghazaleh, CEO de Fresh Del Monte Produce, enfatizó la necesidad de una colaboración en la cadena de suministro para proteger este cultivo. Investigadores de la Universidad de Queensland han desarrollado una estrategia experimental que combina el cruce genético y el análisis molecular para abordar la resistencia al Fusarium, trabajando con variedades silvestres de bananas para encontrar soluciones efectivas.
Tras cinco años de investigación, se identificó una región del cromosoma 5 de la variedad Calcutta 4 que muestra resistencia al hongo. Este enfoque innovador, que une fitomejoramiento tradicional con técnicas genéticas, abre nuevas posibilidades para desarrollar bananas resistentes a la enfermedad, aunque se advierte que los frutos de la Calcutta 4 no son aptos para el consumo humano directo.



