A casi un año de su primer discurso ante el Congreso de Estados Unidos, Donald Trump y Javier Milei enfrentan un reto similar: persuadir a sus respectivas audiencias sobre la mejora de la economía. El 4 de marzo del año pasado, Trump presentó su informe sobre el estado de la nación, mientras que Milei, por su parte, se dirigió a las cámaras legislativas tres días antes, mostrando notables paralelismos en sus enfoques.

La Constitución argentina establece que ambas cámaras del Congreso deben reunirse en sesiones ordinarias desde el 1 de marzo hasta el 30 de noviembre, con la posibilidad de ser convocadas de manera extraordinaria por el Presidente. Aunque la normativa describe la apertura de las sesiones, no especifica los procedimientos a seguir ni la forma en que debe llevarse a cabo el discurso presidencial, lo que deja un margen considerable para la interpretación y la innovación.

En el ámbito internacional, la tradición del discurso del Estado de la Unión ha evolucionado significativamente. Desde su formalización en el siglo XI en el Reino Unido, hasta su versión actual en Estados Unidos, donde se ha convertido en un evento televisado de gran relevancia, este tipo de presentaciones se ha adaptado a las necesidades de cada país. En Argentina, el discurso presidencial ha transitado de ser una carta leída a una presentación televisiva, con Javier Milei marcando un nuevo rumbo en este aspecto. El desafío para ambos líderes radica en convencer a la ciudadanía de que la situación económica está en vías de mejora, un objetivo que se vuelve cada vez más crucial en sus respectivas administraciones.

El discurso de Milei, al igual que el de Trump, no solo representa un momento de rendición de cuentas ante el Congreso, sino que también es una oportunidad para intentar reconfigurar la percepción pública sobre la economía. Mientras que ambos líderes buscan reafirmar su liderazgo en un contexto desafiante, la manera en que aborden este tema será determinante para su éxito político en el futuro cercano.