La Casa Rosada se encuentra ultimando detalles para el Tedeum del 25 de Mayo, un evento que este año adquiere un significado político particular bajo la administración de Javier Milei. Este acto tradicional, que celebra la Revolución de Mayo de 1810, se lleva a cabo en un contexto de tensiones internas dentro de La Libertad Avanza (LLA), el partido oficialista. En este marco, la ausencia notable de la vicepresidenta Victoria Villarruel se perfila como un elemento que podría agravar las ya frágiles relaciones en el seno del Gobierno.

Desde hace varios meses, las diferencias entre Villarruel y el núcleo más cercano a Milei se han ido haciendo cada vez más evidentes. A pesar de que se esperaba que ambos líderes del Poder Ejecutivo compartieran nuevamente un espacio público, como sucedió en el Tedeum de 2025, el entorno de la vicepresidenta ha confirmado que no ha recibido invitación alguna para el acto. Esta situación podría ser interpretada como una señal de un quiebre en su relación, ya que la invitación a un evento de tal magnitud suele ser un símbolo de unidad y cohesión dentro del Gobierno.

Fuentes cercanas a Villarruel explicaron que “la Vicepresidenta de la Nación no ha sido invitada al Tedeum del 25 de mayo. Las invitaciones son cursadas formalmente por la secretaría general de la Presidencia, a través del área de ceremonial”. Este hecho plantea interrogantes sobre el futuro de la relación entre Villarruel y Milei, en un momento en que el oficialismo necesita proyectar una imagen de unidad ante la sociedad, especialmente después de los recientes desencuentros entre diferentes sectores del partido.

En la Casa Rosada, los esfuerzos se concentran en asegurar la presencia de ministros y funcionarios, con el objetivo de construir una imagen de cohesión. Sin embargo, la falta de asistencia de Villarruel podría desdibujar este esfuerzo, ya que su papel como vicepresidenta es fundamental para la representación del Gobierno. A medida que se acercan las elecciones, la presión sobre el oficialismo para mostrar un frente unido se intensifica, y la ausencia de una figura clave como Villarruel podría ser un golpe a sus aspiraciones.

En medio de esta controversia, desde el entorno del presidente Milei se ha sugerido que las invitaciones podrían ser extendidas también por la Iglesia, aludiendo al Arzobispado de Buenos Aires, liderado por monseñor Jorge García Cuerva. Sin embargo, fuentes del clero han aclarado que la responsabilidad de las invitaciones recae exclusivamente en la Presidencia de la Nación. Este detalle resalta la importancia del protocolo en la organización del evento y cómo las decisiones administrativas pueden impactar en la política interna del país.

A lo largo de los días previos al Tedeum, García Cuerva ya había manifestado un mensaje político claro durante una misa en homenaje al papa Francisco, donde instó a los presentes a dejar de lado las divisiones y a fomentar el diálogo entre diferentes posturas. Esta declaración es un eco de la situación actual en el Gobierno, donde las tensiones y las discrepancias parecen estar a la orden del día. La falta de unidad podría tener repercusiones no solo en el evento del 25 de Mayo, sino también en la percepción pública del oficialismo en un momento crítico.

El protocolo del Tedeum establece que el Presidente solicita formalmente al Arzobispo la celebración del evento, y tras su aceptación, toda la organización relacionada queda bajo el control de la Secretaría General de la Presidencia. Esta estructura resalta la separación entre lo político y lo litúrgico, aunque en la práctica, las decisiones políticas afectan directamente el desarrollo de ceremonias de este tipo. A medida que se aproxima el día de la ceremonia, la atención se centra no solo en el acto en sí, sino en las implicaciones políticas que su desarrollo podría acarrear para el futuro del Gobierno de Javier Milei.