En una reciente declaración, el senador ruso Andréi Klishás, quien también preside el Comité de Legislación de la cámara alta del país, justificó la ausencia de leyes contra la violencia doméstica en Rusia, argumentando que esto podría afectar la estructura de la familia tradicional. Según Klishás, cualquier intento de legislar sobre este tema podría ser visto como una intromisión en asuntos familiares, lo que generaría un conflicto entre los valores tradicionales y las necesidades de protección de las víctimas.
Durante una entrevista con el medio RBC, el senador cuestionó la efectividad de sanciones económicas, como multas, para abordar la violencia en el hogar. "Cuando un hombre es multado por golpear a una mujer, esa suma se descuenta del presupuesto familiar. ¿Qué beneficio obtiene la mujer de esa situación?", planteó Klishás, sugiriendo que la solución no radica en medidas punitivas que, en su opinión, no abordan el núcleo del problema.
Klishás sostiene que el problema de la violencia doméstica es complejo y que la solución no se encuentra en la creación de leyes, sino en un enfoque que respete la dinámica familiar. Resalta que muchos en la sociedad perciben la legislación como un ataque a la familia tradicional, y por ende, los legisladores enfrentan dificultades para encontrar una base de apoyo social que permita afrontar la violencia de género y hacia los menores.
El senador también abordó la cuestión del acoso escolar, enfatizando que la responsabilidad principal recae en las instituciones educativas y en los padres. En su opinión, son ellos quienes deben asumir un rol activo en la prevención y el manejo del acoso en las escuelas, sugiriendo que la intervención estatal sería inapropiada en este contexto.
Este discurso no es nuevo en la política rusa. En 2017, el presidente Vladimir Putin promulgó una reforma que despenalizó ciertas formas de violencia en el entorno familiar, argumentando que las medidas eran necesarias para proteger los valores familiares. Sin embargo, esta reforma fue duramente criticada por diversas organizaciones de derechos humanos, que señalaron que la despenalización contraviene los derechos de las mujeres y permite la perpetuación de la violencia dentro del hogar.
Desde la implementación de esta reforma, la violencia doméstica que no resulta en lesiones corporales se clasifica como una infracción administrativa, lo que implica que las sanciones son mucho más leves, como multas o trabajos comunitarios. Esta legislación ha generado un clima de impunidad que ha suscitado el rechazo de múltiples sectores de la sociedad civil, que abogan por un enfoque más robusto y efectivo para combatir la violencia de género y proteger a las víctimas en un contexto donde, según Klishás, el hogar debería ser el lugar más seguro para cualquier persona.
La falta de legislación eficaz y la postura del senador Klishás reflejan una realidad compleja en Rusia, donde los debates sobre la violencia doméstica y los derechos de las mujeres chocan con la defensa de valores tradicionales. Esto plantea un importante desafío para la sociedad rusa en su conjunto, que se encuentra ante la necesidad de redefinir lo que significa la protección familiar en el siglo XXI, y cómo las leyes pueden o deben adaptarse para garantizar la seguridad y el bienestar de todos sus miembros.



