En un giro inesperado, el Gobierno de José Antonio Kast ha decidido retirar su apoyo a la candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet para la secretaría general de las Naciones Unidas. Este anuncio, realizado el martes a través de un comunicado oficial, ha desatado una ola de críticas desde la oposición, que ha calificado la medida como un "bochorno internacional". La situación refleja no solo la polarización política en Chile, sino también un cambio en la estrategia diplomática del actual Ejecutivo, que prioriza su alineación con la extrema derecha.

El diputado Nelson Venegas, perteneciente al Partido Socialista y miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores, fue uno de los primeros en reaccionar, señalando que la decisión del Gobierno es particularmente cuestionable en un contexto donde otros países de la región, como Brasil y México, han expresado su apoyo a Bachelet. "Es un bochorno internacional porque mientras que otros países apoyan esta candidatura, el Gobierno chileno decide no respaldar a una compatriota", declaró Venegas, subrayando la falta de unidad nacional en un asunto de importancia global.

El comunicado oficial del Gobierno argumenta que el contexto actual, caracterizado por la dispersión de candidaturas en América Latina y las diferencias con actores relevantes en este proceso, hace inviable la candidatura de Bachelet. Sin embargo, muchos opositores consideran que esta justificación es insuficiente y refleja una falta de compromiso con la tradición diplomática de Chile. Constanza Martínez, presidenta del Frente Amplio, expresó que respaldar a una figura de la magnitud de Bachelet debería ser considerado un deber del Estado, más allá de las diferencias ideológicas.

Martínez enfatizó que "la política exterior debe ser una política de Estado y no puede ser conducida desde la trinchera ni con mezquindades". Este comentario resuena en un momento en que la política chilena se encuentra profundamente fracturada, y la gestión de las relaciones internacionales es un tema central en la discusión pública. La crítica se extiende a la forma en que el Gobierno ha manejado la candidatura, argumentando que no se llevó a cabo una consulta adecuada con los partidos políticos.

Desde el oficialismo, defensores de la decisión del Gobierno, como el congresista del Partido Republicano Stephan Schubert, han argumentado que la candidatura de Bachelet "partió mal" y que no se socializó correctamente con los actores políticos relevantes. Según Schubert, "no fue una candidatura de Estado, sino del expresidente Boric", sugiriendo que la falta de consenso previo ha llevado a esta situación. La crítica se dirige también hacia la falta de una estrategia clara para llevar adelante la candidatura en un marco de cooperación internacional.

Por su parte, Guillermo Ramírez, presidente de la Unión Demócrata Independiente, se mostró satisfecho con la decisión del Gobierno y argumentó que para que una candidatura de este tipo sea viable, se requiere no solo un respaldo político, sino también un compromiso real con otros países. "Estamos muy conformes, pensamos que no debía ser apoyada", aseveró Ramírez, sugiriendo que la candidatura podría comprometer la autonomía de Chile en el ámbito internacional.

Este episodio pone de manifiesto no solo las tensiones internas en la política chilena, sino también la creciente polarización en torno a la figura de Bachelet, quien ha sido un referente en la política nacional e internacional. La expresidenta, que se desempeñó como directora ejecutiva de ONU Mujeres y secretaria general adjunta de la ONU, ha dejado una huella significativa en el ámbito global, lo que hace aún más impactante la decisión del Gobierno de no respaldar su candidatura. A medida que se desarrollen los acontecimientos, será crucial observar cómo esta controversia impacta en la percepción pública del Gobierno de Kast y en las relaciones diplomáticas de Chile en el futuro.