Nuevos testimonios de disidentes iraníes en Francia han arrojado luz sobre la participación activa de altos funcionarios de Irán en el atentado a la AMIA, que tuvo lugar en 1994 en Buenos Aires. Estas declaraciones fueron analizadas por el fiscal Sebastián Basso, quien destacó que las evidencias obtenidas refuerzan la teoría de que el ataque formó parte de una estrategia estatal de Irán durante la década de los noventa.

Basso explicó que las pruebas indican que el uso de recursos petroleros por parte de Irán estaba destinado a ejercer influencia política, al tiempo que se utilizaba el terrorismo como herramienta para silenciar a posibles opositores. Un aspecto clave en esta investigación es el viaje de Ali Hejazi, considerado el mano derecha del entonces líder supremo Ali Jamenei, a Argentina poco antes del atentado, donde se reunió con Rohollah Rabbani, un personaje central en la difusión de la ideología del régimen en el país.

El fiscal subrayó la importancia de los testimonios de los cuatro disidentes, quienes brindaron información valiosa que ahora permite acceder a fuentes y datos previamente inalcanzables debido a la falta de cooperación del régimen iraní. Entre los elementos presentados a la fiscalía se encuentran declaraciones de miembros del régimen que admiten la existencia de una política de terror internacional, y afirmaciones de líderes de Hezbolá que anunciaban la extensión de su influencia incluso en Argentina, lo que refuerza la gravedad de la situación.