La implementación de nuevas regulaciones laborales en Nueva York ha suscitado preocupación entre quienes dependen de los cupones de alimentos. Aproximadamente 80.000 residentes de la ciudad podrían perder sus beneficios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP), debido a que ahora se les exige demostrar actividad laboral, voluntariado o capacitación para seguir recibiendo esta ayuda. Esta normativa es parte de un recorte significativo en la red de seguridad social, con el objetivo de financiar reducciones impositivas que benefician, en su mayoría, a los sectores más privilegiados.

Las nuevas condiciones de elegibilidad, que entraron en vigencia este mes, alteran los criterios que permitían a miles de personas acceder a la asistencia alimentaria. Entre aquellos que antes estaban exentos de cumplir con requisitos laborales se encuentran personas sin discapacidad, individuos sin hogar, veteranos, padres de hijos mayores de 14 años y adultos entre 55 y 64 años, incluidos los jubilados. Ahora, estos beneficiarios deberán demostrar al menos 80 horas mensuales de trabajo o actividades calificadas para mantener su apoyo. Aquellos que no logren adaptarse a estas exigencias antes de junio podrían ver interrumpida su asistencia, generando un clima de incertidumbre y ansiedad entre los afectados.

La situación es crítica para muchos, como es el caso de Pat Chisholm, una residente del Bronx de 62 años, quien, tras perder su empleo como asistente legal durante la pandemia, ha agotado sus ahorros y ahora depende de los 292 dólares mensuales que recibe en cupones de alimentos. Alrededor de 180.000 neoyorquinos podrían perder, total o parcialmente, el acceso a esta asistencia en los próximos meses. En una ciudad donde un tercio de los hogares recibe cupones —lo que equivale a 1,8 millones de personas—, la mayoría de los beneficiarios son familias con niños que enfrentan los altos costos de vida. La presión es aún mayor para los jubilados y adultos mayores que se ven obligados a cumplir requisitos laborales que resultan inalcanzables en muchos casos.

Frente a esta situación, agencias municipales y estatales, junto a organizaciones comunitarias, han intensificado sus esfuerzos para brindar información y apoyo a los beneficiarios. Trabajadores sociales están ayudando a las personas a inscribirse en empleos, cursos de capacitación y oportunidades de voluntariado, incluso en bancos de alimentos. Sin embargo, persiste la inquietud de que muchos no logren encontrar empleo o cumplir con los nuevos requisitos, especialmente en un contexto de desempleo del 5,6 % en la ciudad y del 4,3 % a nivel nacional. Este desafío se agrava para aquellos que no dominan el inglés o que enfrentan dificultades para reunir la documentación necesaria. Los administradores de casos están particularmente preocupados por los jubilados con ingresos fijos y los adultos mayores que se ven obligados a buscar trabajo en un mercado laboral cada vez más exigente.