El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se encuentra en una encrucijada política a medida que la situación con Irán se intensifica. En un intento por evitar elecciones anticipadas, su administración está acelerando la aprobación del presupuesto estatal antes del 31 de marzo. Las encuestas revelan un panorama adverso para su coalición, que podría perder la mayoría en el Parlamento, lo que hace que la urgencia de la situación sea aún más crítica.

La legislación israelí establece que, si el presupuesto no se aprueba en el plazo estipulado, se iniciará un proceso electoral que culminaría en elecciones generales en un plazo de 90 días. Esta inminente amenaza ha llevado a Netanyahu a actuar con rapidez en el Parlamento, donde se encuentra negociando contrarreloj con sus aliados para asegurar los votos que necesita. La presión por lograr un acuerdo que permita la aprobación del presupuesto está generando tensiones dentro de su coalición, donde cada partido busca maximizar sus beneficios ante la crisis actual.

En este contexto, el gobierno ha decidido destinar recursos a sectores clave, como la educación, con una asignación de aproximadamente cinco mil millones de séqueles para escuelas ultraortodoxas. Esta medida busca garantizar el apoyo de partidos que, en un principio, habían expresado su intención de votar en contra del presupuesto. Sin embargo, esta decisión ha suscitado críticas desde la oposición, que argumenta que la distribución de los recursos prioriza la supervivencia política de Netanyahu en detrimento de una gestión equitativa para todos los sectores de la sociedad.

Las encuestas de opinión indican que el conflicto con Irán no ha servido para mejorar la imagen de Netanyahu, quien en un principio consideró la posibilidad de adelantar las elecciones para capitalizar la situación. Sin embargo, a medida que la guerra se prolonga y no se vislumbran resultados contundentes, esa opción ha perdido fuerza. Actualmente, el electorado se presenta dividido: aproximadamente un 40% apoya al gobierno, mientras que otro 40% se inclina hacia la oposición, dejando a un grupo de votantes indecisos que no parece inclinar la balanza hacia ninguno de los lados.

Según un estudio reciente, el partido Likud, que lidera Netanyahu, se proyecta para obtener solo 28 escaños de los 120 que componen la Knéset, lo que significaría una caída significativa respecto a los 34 actuales. Esta situación podría dejar a su coalición en una posición vulnerable, lo que hace aún más urgente la necesidad de evitar un escenario electoral. En este sentido, las maniobras políticas del primer ministro parecen dirigidas a ganar tiempo y sostener su gobierno a toda costa.

Además de la presión política, el conflicto con Irán está afectando la economía israelí, con un costo estimado de cinco mil millones de séqueles semanales, equivalente a aproximadamente 1.380 millones de dólares. Este incremento en el gasto militar, combinado con la actividad parcial en diversos sectores económicos, ha generado un clima de incertidumbre que, a su vez, está alimentando el desgaste social. Las consecuencias económicas de la guerra son palpables y están empezando a impactar en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Por si esto fuera poco, Netanyahu enfrenta un juicio por corrupción que incluye cargos de fraude, soborno y abuso de confianza, los cuales ha rechazado enérgicamente. En un movimiento poco convencional, solicitó un indulto al presidente de Israel, Isaac Herzog, con el respaldo del ex presidente estadounidense Donald Trump. Sin un cambio significativo en la opinión pública y con tensiones crecientes dentro de su coalición, la estrategia de Netanyahu se centra en evitar un desenlace electoral que podría poner en jaque su carrera política.