La agencia calificadora de riesgo Moody's ha decidido rebajar la calificación crediticia de Bélgica de 'Aa3' a 'A1', un descenso notable que representa el nivel más bajo alcanzado en los últimos 15 años. Esta decisión, anunciada el pasado viernes, se enmarca en un contexto de creciente preocupación por el aumento de la deuda pública, a pesar de los esfuerzos realizados por el Gobierno belga para implementar reformas fiscales y estructurales.

Moody's ha expresado que su decisión refleja una evaluación negativa sobre la capacidad del actual Gobierno de coalición, liderado por Bart de Wever, para llevar a cabo las medidas necesarias que permitan estabilizar la deuda del país. En su comunicado, la agencia enfatizó que, a pesar de las reformas promovidas, estas son consideradas insuficientes frente a las presiones fiscales que enfrenta la nación, las cuales han ido en aumento en los últimos años.

El análisis de Moody's destaca varios factores que están contribuyendo a esta creciente carga de deuda. Entre ellos, se encuentra el aumento de los costos de los intereses, el incremento en el gasto en defensa, así como las continuas presiones de gasto vinculadas al envejecimiento de la población. Además, la calificadora subrayó que el rendimiento de los ingresos ha disminuido, lo que agrava la situación financiera del país.

Es importante mencionar que la calificación crediticia de Bélgica se había mantenido estable desde el año 2011; sin embargo, en octubre del año pasado, Moody's ya había emitido una advertencia respecto a la sostenibilidad de la deuda pública en el país. En el comunicado reciente, la agencia proyecta que la deuda belga podría alcanzar el 116% del PIB para el año 2030, en comparación con el 104% estimado para 2024, lo que evidencia una tendencia preocupante hacia un mayor endeudamiento.

Además de los desafíos internos, Moody's también ha señalado la vulnerabilidad de Bélgica ante conflictos internacionales, como la guerra en Oriente Medio, así como la posibilidad de una nueva crisis energética. La dependencia del país en la energía importada y la inflación indexada en la economía son factores que podrían acentuar aún más los problemas económicos si el conflicto se prolonga.

En este contexto, la agencia ha sugerido que una posible mejora en la calificación crediticia dependería de una respuesta fiscal más robusta, capaz de estabilizar los costos de intereses y la carga de deuda en relación con el PIB. Esta respuesta debería incluir una mayor coordinación entre los distintos niveles de gobierno, lo que podría ayudar a mitigar las presiones fiscales y mejorar la sostenibilidad de las finanzas públicas en el futuro.