La llegada de Javier Milei a la presidencia de Argentina ha generado expectativas en torno a su promesa de posicionar al país entre las potencias globales. Sin embargo, la interrogante que persiste es cómo llevará a cabo esta ambiciosa misión en un contexto donde la riqueza energética, particularmente la que se encuentra en Vaca Muerta, juega un papel crucial. Si bien el Gobierno asegura que esta formación geológica es la clave para el desarrollo, la realidad es que no todos los argentinos parecen tener garantizado su lugar en este “tren” hacia el progreso. En este sentido, es fundamental analizar no solo las proyecciones de producción y exportación, sino también las implicaciones sociales y económicas que estas conllevan.
Durante su intervención en el Bilateral Energy Summit realizado en Houston, el presidente de YPF, Horacio Marín, hizo hincapié en que Vaca Muerta se posiciona como el epicentro de inversiones energéticas, con proyecciones que alcanzan los 130 millones de dólares en los próximos años. Marín también destacó que Argentina podría llegar a producir un millón de barriles de petróleo diarios en el presente año y que para 2031 se espera que las exportaciones del sector alcancen los 30 mil millones de dólares anuales. Este monto, cabe recordar, es comparable al total de aportes realizados por el sector agropecuario durante el año anterior.
El informe de la consultora Empiria, liderada por el ex ministro Hernán Lacunza, subraya que para 2025 se anticipa un incremento del 9% en las exportaciones totales del país, alcanzando los 87 mil millones de dólares. Este crecimiento se desglosa en 30 mil millones provenientes del campo, 23 mil millones de la industria, 22 mil millones de productos primarios y 11 mil millones de combustibles y energía. En este contexto, Marín sostiene que Vaca Muerta podría convertirse en la “segunda turbina” de generación de divisas, con un impacto que podría igualar o superar el del sector agropecuario, un fenómeno que merece ser examinado con detenimiento.
No se cuestiona la riqueza del subsuelo neuquino ni el potencial de la cuenca de Vaca Muerta. Sin embargo, la gran incógnita radica en la capacidad de las élites políticas y económicas en Argentina para convertir esa riqueza en un desarrollo sostenible y equitativo. Existen ejemplos en el mundo que ilustran esta dinámica: Australia ha sabido aprovechar sus recursos para transformarse en una economía próspera, mientras que Angola representa el otro extremo, donde la abundancia de recursos no ha sido suficiente para generar un desarrollo significativo. La politóloga Mara Pegoraro enfatiza que “el problema del desarrollo no es exclusivamente un problema de recursos, es más bien un problema de decisiones políticas”.
Australia, en la década de 1970, emprendió un proceso de reestructuración económica que culminó con las reformas Hawke-Keating en los años 80. Este país logró desmantelar una matriz económica cerrada y poco eficiente, caracterizada por altos aranceles manufactureros, para evolucionar hacia una economía abierta y competitiva. Este proceso no fue el resultado de decisiones apresuradas, sino de un plan gradual que permitió a Australia disfrutar de un crecimiento económico ininterrumpido durante 28 años, un hito en el contexto de las naciones desarrolladas.
Por otro lado, Angola es un ejemplo paradigmático del fracaso en la gestión de recursos naturales. Pese a contar con abundantes recursos, el país ha padecido de instituciones débiles, captura de rentas por parte de élites políticas, inestabilidad y una escasa transformación económica. Esta comparativa entre ambos países pone de relieve que la riqueza por sí sola no garantiza el desarrollo; lo que realmente se necesita son decisiones políticas acertadas, una planificación estratégica y, sobre todo, un compromiso con la inclusión social que permita que todos los sectores de la población se beneficien de los recursos del país. En este contexto, la administración de Milei enfrenta el desafío de no solo maximizar las exportaciones de Vaca Muerta, sino de asegurar que el desarrollo que genera llegue a todos los rincones de Argentina y no se convierta en un beneficio exclusivo de unos pocos.



