En su reciente discurso inaugural de las sesiones ordinarias en el Congreso, el presidente Javier Milei dejó en claro su intención de dominar la agenda legislativa del país con una serie de reformas estructurales que se implementarán a lo largo del año. En respuesta, el peronismo se encuentra dividido entre la resignación ante esta situación y el deseo de establecer una agenda propia que contrarreste las iniciativas del oficialismo.

Milei anunció que cada ministerio tiene preparado un mínimo de diez paquetes legislativos que serán enviados al Congreso de manera escalonada, con el objetivo de "rediseñar la arquitectura institucional de la Nueva Argentina". Entre las reformas más destacadas se encuentran la modificación del Código Civil y Comercial, la reformulación de la Ley de Defensa del Consumidor, cambios en el Régimen Tributario y la creación de una nueva ley de semillas, entre otros proyectos que buscan desregular diversos sectores económicos.

Frente a esta ambiciosa propuesta, el peronismo presenta posturas variadas. Algunos miembros del partido reconocen que el Gobierno tiene los mecanismos necesarios para mantener el control de la agenda legislativa durante el corto plazo, gracias al respaldo de gobernadores y bloques aliados como el PRO y la UCR. Además, el manejo de las comisiones en el Congreso se ha vuelto crucial, ya que los libertarios han logrado obtener la presidencia de todas las comisiones relevantes, lo que podría relegar a la oposición a un rol secundario en la discusión de estos proyectos.