El corazón de Montevideo se vio colmado este miércoles por miles de personas que se congregaron en la emblemática Marcha del Silencio, un evento que cada 20 de mayo se realiza en la capital uruguaya para demandar memoria, verdad y justicia por las víctimas de la dictadura cívico-militar que asoló al país entre 1973 y 1985. Este año, el lema central de la movilización fue '30 años marchando. Contra la impunidad de ayer y de hoy. Exigimos respuestas ¿Dónde están?', reflejando la firme determinación de los asistentes de no olvidar a los 205 detenidos-desaparecidos que aún esperan justicia.

La marcha inició en el Memorial a los Detenidos Desaparecidos en América Latina y culminó en la plaza Libertad, donde el silencio fue el protagonista. Este silencio reverberó en la explanada de la Intendencia de Montevideo, interrumpido solo por la lectura de los nombres de las víctimas, cada uno de los cuales fue homenajeado con un sentido y unánime “presente” por parte de los presentes. Este ritual simbólico no solo honra la memoria de los desaparecidos, sino que también pone de relieve la lucha incansable de los familiares por obtener respuestas sobre el paradero de sus seres queridos.

Ignacio Erradonea, integrante de la organización Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos y Desaparecidos, expresó la profunda emoción que siente al ver el respaldo popular en esta movilización. Su declaración destaca que la marcha se ha transformado en un fenómeno masivo, lo que demuestra que la búsqueda de verdad y justicia es una causa que sigue viva en la sociedad uruguaya. Erradonea también subrayó la importancia de continuar la lucha, afirmando que “vale la pena seguir peleando” para encontrar a todos los desaparecidos.

En un contexto donde la impunidad parece persistir, Erradonea no dudó en responder a las afirmaciones del comandante en jefe del Ejército, Mario Stevenazzi, quien aseguró que las Fuerzas Armadas no ocultan información y que han entregado todo lo que tienen. El activista cuestionó la legitimidad de estas declaraciones, recordando los hallazgos en el Batallón 14 y denunciando la falta de transparencia de las instituciones militares. “¿Hasta cuándo tenemos que seguir soportando que un comandante en jefe se haga la víctima? Quien hizo desaparecer a nuestros familiares fueron las Fuerzas Armadas”, declaró, demandando una respuesta real y efectiva a la comunidad.

La crítica de Erradonea se alinea con la de otras voces presentes en la marcha, como la de Alba González Souza, madre de Rafael Lezama, desaparecido el 1 de octubre de 1976. En una reciente conferencia de prensa, González Souza enfatizó que, a pesar de tres décadas de manifestaciones, la impunidad sigue siendo un problema latente en Uruguay. Este sentimiento compartido por las familias de las víctimas refuerza la urgencia de una respuesta gubernamental que no solo reconozca el sufrimiento de los afectados, sino que también busque justicia para quienes fueron víctimas de atrocidades.

El Gobierno uruguayo se enfrenta a un delicado equilibrio entre mantener la paz social y abordar las heridas del pasado. La falta de acción contundente y la aparente complacencia en la búsqueda de respuestas han generado una creciente frustración entre los familiares de los desaparecidos. La movilización del 20 de mayo no solo es un recordatorio de las injusticias del pasado, sino también un llamado a la acción para que el Estado cumpla con su deber de garantizar verdad y justicia. La sociedad uruguaya, a través de estas marchas, sigue exigiendo que se rompa el silencio y que se tomen las medidas necesarias para esclarecer lo ocurrido durante la dictadura.

A medida que la sociedad avanza hacia el futuro, la Marcha del Silencio se mantiene como un faro de esperanza y resistencia. La lucha por la memoria y la justicia no cesa, y cada año, los uruguayos renuevan su compromiso de no olvidar y de seguir demandando respuestas. La participación masiva en estas movilizaciones es un claro indicativo de que la búsqueda de verdad y justicia es un tema que sigue vigente y que merece la atención y el respeto de todos los sectores de la sociedad. La historia de los desaparecidos no puede quedar en el olvido, y es responsabilidad de cada uno de nosotros asegurar que nunca más se repitan tales atrocidades.