En una decisión histórica, el Banco Central de Libia ha anunciado la firma de un acuerdo que busca unificar el presupuesto del país, marcando el primer consenso significativo desde la profunda división que comenzó en 2014. Este acuerdo se produce en un contexto de inestabilidad política y económica, donde Libia está fragmentada entre dos administraciones: una en el este, bajo el control del mariscal Jalifa Haftar, y otra en el oeste, dirigida por el Gobierno de Unidad Nacional (GUN).

El gobernador del Banco Central, Nagi Issa, destacó en una conferencia de prensa que este pacto es fundamental para normalizar la gestión fiscal entre las dos partes enfrentadas, así como para frenar el gasto descontrolado que ha caracterizado a la administración pública en los últimos años. La inflación en el país ha alcanzado niveles preocupantes, con el dinar libio sufriendo una depreciación significativa. Este acuerdo no solo tiene como objetivo estabilizar la economía, sino también sentar las bases para una gestión más efectiva de los recursos públicos.

El acuerdo establece un marco claro para los ingresos y gastos del gobierno, regulando las partidas presupuestarias y fijando un tope de 40.000 millones de dinares, equivalentes a aproximadamente 5.372 millones de euros. Este monto será distribuido equitativamente entre las autoridades del este y el oeste, lo que representa un paso significativo hacia la normalización de las relaciones entre ambas administraciones. La claridad en la asignación de recursos es esencial para evitar malentendidos y fomentar la cooperación entre las partes.

La firma del pacto se produce en un contexto donde las presiones externas también están influyendo en la política libia. Recientemente, el asesor de Estados Unidos para África, Massad Boulos, instó a las autoridades libias a adoptar un presupuesto unificado de cara al 2026, lo que suma un nuevo nivel de presión internacional sobre la situación interna del país. Según informes no oficiales, Boulos incluso sugirió un modelo de gobernanza que incluiría un reparto de cargos entre las partes, aunque este aspecto no fue confirmado oficialmente.

Entre las propuestas que han surgido, se menciona que Saddam Haftar, hijo del mariscal, podría asumir un rol protagónico como líder del Consejo Presidencial y comandante supremo del Ejército, mientras que Abdelhamid Dbeiba, actual primer ministro del GUN, continuaría en su cargo y asumiría también el ministerio de Defensa. Esta propuesta refleja la complejidad de la política libia, donde las lealtades y los intereses personales juegan un papel crucial en el proceso de unificación.

Dbeiba, tras la firma del acuerdo, manifestó su esperanza de que este paso sirva para generar un cambio positivo en la vida cotidiana de los ciudadanos. Agradeció la colaboración de diversas partes involucradas en el proceso, incluyendo al Banco Central y a los representantes del Consejo Presidencial. La implicación del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y el papel de Boulos en la mediación también fueron reconocidos, lo que subraya la importancia del apoyo internacional en la búsqueda de una solución a la crisis libia.

Sin embargo, el camino hacia la estabilidad aún se presenta lleno de desafíos. Issa enfatizó la necesidad de que todas las partes cumplan con lo acordado, sugiriendo que el verdadero éxito del acuerdo dependerá del compromiso de cada uno de los actores políticos. Con un panorama económico incierto y la necesidad de restaurar la confianza entre los ciudadanos y sus gobernantes, Libia enfrenta un momento crucial en su historia reciente, donde la unión y la cooperación serán esenciales para construir un futuro más estable y próspero.