En el contexto actual, el historiador Carlos Malamud ha abordado una inquietante cuestión: ¿qué provoca la muerte de las democracias? A través de su reciente publicación, 'Golpe militar y dictadura en Argentina', Malamud establece un paralelismo entre los acontecimientos de hace cincuenta años en Argentina y las tendencias preocupantes que se observan hoy en diversas naciones. En su análisis, el autor resalta que el escepticismo hacia la democracia, presente en la sociedad argentina antes del golpe de 1976, se manifiesta nuevamente en el ámbito global, sugiriendo que esta desconfianza puede ser un terreno fértil para el surgimiento de regímenes dictatoriales.

Malamud señala que, tras el golpe de Estado en Argentina, una parte de la población experimentó un sentido de alivio, lo que facilitó la llegada de la dictadura. Este fenómeno, que parece repetirse en la actualidad, se observa en países como Estados Unidos, Hungría, Rusia y varias naciones de América Latina, como El Salvador. Según el historiador, cuando los ciudadanos no valoran plenamente las instituciones democráticas, se corre el riesgo de que surjan gobiernos autoritarios que, aunque puedan ofrecer beneficios inmediatos, no resultan sostenibles a largo plazo.

En su reflexión sobre el golpe de 1976, Malamud destaca que la falta de resistencia de parte de la sociedad argentina se debió a la percepción de que se trataba de un golpe más en una larga lista de intervenciones militares. Sin embargo, lo que siguió fue una represión brutal y sistemática, impulsada por el contexto de la Guerra Fría y por la necesidad de los militares de consolidar su control interno. Esta experiencia, según el autor, debe servir como una advertencia para las sociedades contemporáneas que enfrentan desafíos similares.

El libro de Malamud no solo examina los eventos históricos, sino que también reflexiona sobre el impacto de la memoria colectiva en la actualidad. A pesar de que Argentina fue pionera en llevar a juicio a los responsables de crímenes de lesa humanidad, el país aún enfrenta profundas divisiones en su narrativa histórica. Según el autor, el uso del pasado con fines políticos, un fenómeno que él denomina 'presentismo', ha dificultado la reconciliación y ha mantenido abiertas las heridas de un pasado doloroso.

Malamud critica la forma en que el kirchnerismo ha intentado apropiarse de la lucha por los derechos humanos, señalando que este enfoque ha polarizado aún más el debate en torno a la memoria histórica. En este sentido, el actual gobierno de Javier Milei, con su retórica opuesta al kirchnerismo, ha encontrado en esta división un terreno fértil para fortalecer su discurso, lo que podría llevar a un aumento del negacionismo en torno a la dictadura.

El historiador concluye que la democracia se encuentra en un constante estado de asedio, y que la educación crítica es esencial para contrarrestar esta tendencia. Promover un conocimiento objetivo sobre la historia, en lugar de permitir que se politice, es fundamental para prevenir la repetición de errores del pasado. Así, Malamud hace un llamado a la sociedad para no temer al estudio de la historia, pues este conocimiento puede ser la clave para salvaguardar las instituciones democráticas y garantizar un futuro más justo y equitativo para todos.