El golpe de Estado de 1976 en Argentina se distingue de los anteriores por el tiempo que los militares dedicaron a su preparación, lo que revela la complejidad de la crisis política y social que atravesaba el país. Desde hace cincuenta años, el 9 de marzo de 1976, la atención mediática se centraba en la situación económica, marcada por la escasez de productos esenciales como carne, leche y azúcar, que generaba largas filas de ciudadanos frustrados en busca de alimentos.
La planificación del golpe fue una tarea que se llevó a cabo a la vista de todos durante un periodo de nueve meses, comenzando con las primeras reuniones entre el general Jorge Rafael Videla y civiles afines al poder militar. Videla asumió como jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas el 4 de julio de 1975, y su discurso en esa ocasión captó la atención de numerosos civiles que buscaban un liderazgo militar capaz de guiarlos en tiempos de crisis. La percepción de que la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón no podía resolver los problemas del país, sumado a la creencia de que el peronismo era invencible en las elecciones, fueron factores clave que incentivaron la acción del denominado “partido militar”.
Sin embargo, la conspiración se organizó formalmente siete meses antes del 24 de marzo de 1976, cuando Videla se convirtió en comandante en jefe del Ejército. El punto de inflexión que aceleró el golpe ocurrió en octubre de 1975, tras un ataque de Montoneros a un cuartel en Formosa, que evidenció la creciente capacidad de la guerrilla y alarmó a las fuerzas militares. Aunque algunos militares, motivados por un profundo antiperonismo, comenzaron a conspirar desde el anuncio de los resultados de las elecciones de marzo de 1973, la idea del golpe podría haber germinado incluso antes, en la mente del almirante Emilio Eduardo Massera, quien ya contemplaba un futuro presidencial.
La conspiración no fue exclusiva del Ejército, y la colaboración entre diversas fuerzas y civiles fue esencial en la gestación de un golpe que cambiaría el rumbo de la nación. La combinación de factores económicos, políticos y sociales creó el escenario propicio para que la intervención militar se convirtiera en una realidad inminente.



