El aumento sostenido de los costos de financiamiento del Estado francés comenzó a limitar el margen de maniobra del Gobierno y generó preocupación entre grandes gestoras de inversión. Los analistas también advierten que la presión sobre la deuda soberana podría trasladarse al sector bancario, debido a la exposición de las entidades a los bonos estatales y al posible impacto sobre sus balances.

A la inquietud global por una eventual crisis de deuda se suman en Francia la incertidumbre política interna y una ola de ventas de títulos públicos registrada durante la semana. Estos factores impulsaron al alza los rendimientos de la renta fija soberana y profundizaron las dudas sobre la capacidad del Ejecutivo para responder ante un deterioro de las condiciones financieras.

El rendimiento del bono francés a diez años, conocido como OAT, llegó a tocar el 4,99%. Aunque todavía no superó la barrera del 5%, se ubicó en su nivel más alto desde 2002. En paralelo, la diferencia entre el OAT y el bono alemán a diez años, el Bund, ascendió hasta alrededor de 150 puntos básicos.

El escenario también genera interrogantes sobre la evolución de los mercados. Las gestoras consideran que el rendimiento de la deuda francesa podría no haber alcanzado todavía un techo y señalan que algunos comentarios de dirigentes políticos contribuyeron a intensificar la presión sobre los títulos públicos. La combinación entre tasas elevadas, riesgo político y exposición bancaria mantiene bajo observación la estabilidad financiera del país.