La masacre de Kanungu, ocurrida en marzo del año 2000, se consolidó como uno de los episodios más escalofriantes vinculados a creencias apocalípticas en la historia reciente. Más de 800 personas perdieron la vida en un incendio que devastó el templo del Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios, ubicado en el suroeste de Uganda. A medida que pasaron los días, el número de víctimas continuó en aumento, alcanzando una cifra total de 924, incluyendo numerosos niños, tras el hallazgo de tumbas clandestinas en el área circundante.
Los fieles de esta secta creían fervientemente que el 17 de marzo marcaría el fin del mundo, una creencia alimentada por las enseñanzas de sus líderes, quienes aseguraban haber recibido revelaciones divinas. Sin embargo, lo que inicialmente se interpretó como un suicidio colectivo se transformó en una investigación que reveló un crimen masivo. Las autopsias indicaron que muchos de los cuerpos habían sido asesinados semanas antes del incendio, lo que dejó al descubierto la brutalidad que se había llevado a cabo en secreto.
A pesar del impacto de esta tragedia, los principales responsables de la secta, Joseph Kibweteere y Credonia Mwerinde, aún permanecen en la clandestinidad desde entonces. Ambos habían proclamado la llegada del Apocalipsis, pero misteriosamente desaparecieron la noche anterior a la masacre. Las autoridades ugandesas, que conocían la influencia creciente del Movimiento en la región, continúan en la búsqueda de estos líderes, quienes lograron evadir la justicia tras el horror que desataron.



