El Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) ha emitido un comunicado lamentando el trágico derrumbe ocurrido en la zona minera de Rubaya, en el noreste del país, el pasado sábado, que dejó un saldo de al menos 300 fallecidos. Las autoridades subrayaron que las víctimas se encontraban laborando en condiciones extremadamente peligrosas, bajo el control del grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23).

El Ministerio de Comunicación de la RDC destacó que estos incidentes evidencian los peligros que enfrentan las comunidades civiles en esta región minera, especialmente los mineros artesanales y los niños que son forzados a trabajar en túneles inestables y sin las mínimas medidas de seguridad adecuadas. Además, recordaron que Rubaya está catalogada como 'zona roja', lo que prohíbe formalmente cualquier actividad de extracción y comercialización de minerales en el área.

Este último accidente se suma a una serie de tragedias recientes en la misma región, donde más de 200 personas, incluidos unos 70 niños, perdieron la vida en otro deslizamiento el 3 de marzo. La situación se ha vuelto crítica, ya que el conflicto armado en el este del Congo ha intensificado la explotación ilegal de recursos minerales, exacerbando las condiciones de trabajo de los mineros y aumentando el riesgo de accidentes mortales en un contexto de total desamparo legal.

Las minas de la RDC son ricas en minerales como el coltán, esenciales para la industria tecnológica, pero su explotación artesanal y la falta de regulación han llevado a que estos siniestros sean recurrentes, a menudo con grupos armados operando en el área.