Montevideo, 10 de mayo (Redacción Medios Digitales) — Las democracias de América Latina y el Caribe están enfrentando un desgaste gradual que se manifiesta a través de la debilitación interna de las instituciones, según el último informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este fenómeno no se expresa a través de golpes de Estado, sino que se presenta de manera más insidiosa, afectando la confianza de los ciudadanos en sus sistemas políticos.
El estudio, publicado recientemente, señala que, a pesar de ser la región más democrática del mundo en desarrollo, América Latina enfrenta tensiones que amenazan la estabilidad de sus democracias. A medida que las economías crecen, no se traduce en un aumento de la legitimidad institucional, lo que genera un ambiente propicio para la desconfianza entre la población. En este contexto, se observa que la confianza en las autoridades electorales ha caído drásticamente, pasando del 47% en 2016 a un alarmante 34% en 2024, según datos de Latinobarómetro.
Además, el informe destaca que la percepción de fraude electoral ha aumentado significativamente. De este modo, el porcentaje de personas que considera que las elecciones en sus países son fraudulentas ha crecido del 48,5% al 60,6% en el mismo periodo. Esto plantea un desafío mayor, ya que menos de la mitad de los ciudadanos se siente satisfecha con el funcionamiento de la democracia, y más del 70% cree que los gobiernos responden a intereses particulares y no al bienestar general.
La polarización política en la región también se ha intensificado, alcanzando niveles alarmantes. Con un índice de 3,4 sobre 4 en la escala del proyecto V-Dem, América Latina supera a otras regiones del mundo, como Europa del Este y Asia-Pacífico. Este fenómeno ha evolucionado de una mera discrepancia de opiniones a una lucha de identidades, donde el adversario político es visto como una amenaza existencial. Esta transformación en la dinámica política puede llevar a un clima de confrontación que dificulta el diálogo y el consenso.
El informe del PNUD también menciona el impacto del crimen organizado como un desafío sistémico que va más allá de la seguridad pública. Este fenómeno no solo distorsiona la representación política, sino que también financia campañas electorales y disputa el control territorial al Estado. Alarmantemente, cuatro de los diez países con mayor violencia política a nivel mundial se encuentran en América Latina y el Caribe, según datos de ACLED.
Las desigualdades socioeconómicas agravan aún más la situación. Aunque el Índice de Desarrollo Humano (IDH) ha mostrado un progreso desde 1990, al ajustarse por desigualdad, esta cifra se reduce en un 21%. La concentración de la riqueza es alarmante, con el 10% más rico de la región acumulando casi el 37% de los ingresos, mientras que el 40% más pobre recibe apenas el 13%. Esta desigualdad estructural perpetúa un ciclo de desconfianza y descontento social.
Por último, el informe destaca el papel de la desinformación digital como un factor que debilita las instituciones democráticas. A pesar de que las redes sociales son la principal fuente de información en la región, más del 60% de los usuarios desconfía de ellas, lo que refleja una paradoja alimentada por los algoritmos y la inteligencia artificial. Ante este complejo panorama, el PNUD propone un marco de renovación que se centra en fortalecer la calidad de la democracia, comenzando por la autonomía de los organismos electorales, y en impulsar un desarrollo humano que pueda resistir crisis y revertir desigualdades en la región.



