Las estadísticas educativas en Argentina reflejan realidades alarmantes que merecen atención inmediata. Actualmente, se estima que cuatro de cada diez estudiantes no logra finalizar sus estudios secundarios en el sistema educativo convencional. Esta cifra se torna aún más preocupante en sectores vulnerables, donde la tasa de deserción alcanza a siete de cada diez jóvenes. Esta situación no solo plantea interrogantes sobre el futuro de la educación en el país, sino que también pone en evidencia las inequidades que perpetúan el ciclo de la pobreza y el desempleo entre las generaciones más jóvenes.

Organizaciones de la sociedad civil están tomando un rol protagónico en este contexto, desarrollando iniciativas para apoyar a los adolescentes en su camino hacia la graduación. Un ejemplo destacado es la Fundación Cimientos, que desde hace tres décadas se dedica a ayudar a jóvenes de escasos recursos a completar su educación secundaria y a facilitar su inserción en el ámbito laboral. La labor de Cimientos se fundamenta en la convicción de que la educación es un pilar esencial para el desarrollo personal y profesional de los jóvenes, permitiéndoles acceder a oportunidades que de otro modo serían inalcanzables.

En una reciente visita al auditorio de Ticmas durante la Feria del Libro de Buenos Aires, Mercedes Méndez Ribas, directora ejecutiva de Cimientos, compartió su perspectiva sobre la situación actual. Méndez Ribas enfatizó que contar con un título secundario incrementa las posibilidades de un joven de conseguir un empleo formal, afirmando que "un adolescente con título secundario duplica las chances de acceder a un empleo formal". Esta afirmación subraya la crítica necesidad de que los jóvenes culminen sus estudios y encuentren un propósito en su educación secundaria, lo que a su vez les permitirá construir un futuro más prometedor.

Un aspecto clave en la estrategia de Cimientos es su programa “Futuros Egresados”, que se centra en acompañar a los estudiantes durante su trayectoria escolar. Este programa pone énfasis en el desarrollo de habilidades socioemocionales, un enfoque que ha ganado relevancia en el contexto actual debido al avance de la inteligencia artificial y la creciente demanda de habilidades blandas en el mercado laboral. Desde su creación, Cimientos ha sido pionera en abordar la importancia de estas competencias, ofreciendo tutorías personalizadas que permiten a los jóvenes no solo mejorar su desempeño académico, sino también desarrollar la autonomía y la independencia necesarias para enfrentar los desafíos de la vida.

Actualmente, Cimientos está presente en 18 provincias argentinas, alcanzando a más de 10.000 jóvenes a través de sus diversos programas. A pesar de que estas cifras parecen significativas, Méndez Ribas enfatiza que cada historia individual es de suma importancia. En su intervención, compartió anécdotas de jóvenes que han sido parte del programa, como el caso de Néstor, un estudiante de Contabilidad que se encuentra en su último año. Néstor, originario de un pueblo cercano a la escuela de Piedrabuena en Tucumán, ha estado vinculado a la fundación desde los 13 años y su progreso es un claro ejemplo de cómo la educación puede transformar vidas.

La labor de organizaciones como Cimientos es fundamental en un país donde la educación y el empleo están intrínsecamente ligados. A medida que la Argentina enfrenta desafíos económicos y sociales complejos, la educación se erige como una herramienta vital para empoderar a las nuevas generaciones. La necesidad de un compromiso colectivo, que involucre a instituciones educativas, organizaciones no gubernamentales y el sector privado, es urgente para garantizar que cada joven tenga acceso a una educación de calidad y, por ende, a un futuro laboral digno. Solo así se podrá romper el ciclo de deserción y pobreza que afecta a tantos jóvenes en el país.