El vertiginoso envejecimiento de la población en el Sudeste Asiático ha llevado a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) a identificar lo que se conoce como "economía plateada" como una de sus principales prioridades estratégicas. Este fenómeno demográfico no solo implica un desafío para las políticas públicas, sino que también brinda una oportunidad para repensar el papel de los adultos mayores en la sociedad. A medida que la región se prepara para afrontar una población más longeva, se hace imperativo implementar políticas que fomenten la inclusión, la autonomía y la participación activa de las personas mayores en la vida económica y social.
ASEAN, que agrupa a países como Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia, Timor Oriental y Vietnam, se encuentra en una encrucijada demográfica. Según estimaciones recientes, para el año 2030, aproximadamente el 14,8% de la población de la ASEAN tendrá 60 años o más, y para 2035, se proyecta que este número ascienda a 127 millones. Esta transformación demográfica plantea retos significativos, tales como el aumento del costo de vida, la exclusión digital y las brechas de género, además de poner en evidencia una insuficiencia en el ahorro previsional, lo que podría generar un aumento en la vulnerabilidad de este grupo etario si no se implementan políticas adecuadas.
La discusión sobre la economía plateada cobró fuerza recientemente en el ASEAN High-Level Forum on Unlocking the Silver Economy, llevado a cabo en el Centro Internacional de Convenciones de Filipinas. En este encuentro, Rex Gatchalian, secretario de Bienestar Social y Desarrollo de Filipinas, enfatizó que la longevidad debe ser abordada como una oportunidad y no como una carga social. Su discurso resaltó la importancia de adaptar los sistemas económicos y sociales para garantizar que una mayor esperanza de vida se traduzca en un aumento de oportunidades y calidad de vida para los adultos mayores.
Gatchalian también destacó que el Sudeste Asiático puede aprovechar sus ventajas culturales, como las redes familiares y la solidaridad comunitaria, para enfrentar los desafíos del envejecimiento. Propuso modernizar estas bases culturales sin perder su esencia, buscando un equilibrio entre la eficiencia y la dignidad de las personas mayores. Este enfoque implica que los adultos mayores no solo sean receptores de políticas, sino también actores protagónicos en el desarrollo de soluciones que respondan a sus necesidades.
Para abordar la transición demográfica, los gobiernos de la región están impulsando la economía plateada, un concepto que abarca bienes, servicios y tecnologías diseñadas para satisfacer las demandas de una población en envejecimiento. Este concepto se centra en la permanencia de los adultos mayores en la vida económica y comunitaria, promoviendo su participación activa en diversos ámbitos. La creación de un entorno inclusivo y accesible es fundamental para garantizar que este segmento de la población no sea dejado de lado, sino que se convierta en un motor de desarrollo y cambio social.
En última instancia, la colaboración entre el Estado, el sector privado, las instituciones académicas y la sociedad civil será esencial para fomentar la innovación y generar información técnica relevante. Solo a través de un esfuerzo conjunto se podrá garantizar que las políticas y programas sean eficaces y se alineen con las necesidades y expectativas de la población mayor. Así, el desafío del envejecimiento se transforma en una oportunidad para construir una sociedad más equitativa y participativa, donde todos, independientemente de su edad, tengan un lugar y un rol activo en el desarrollo de sus comunidades.



