El actual Gobierno enfrenta serias dificultades para gestionar la economía, que se agravan con las luchas internas y la falta de estrategia. En este contexto, el capital político de Javier Milei ha crecido, especialmente tras su contundente victoria electoral en octubre, que ha revelado la crisis de la oposición y la fragmentación del Partido Justicialista y del kirchnerismo.
La reciente estrategia del oficialismo busca revivir el miedo al kirchnerismo, aunque hoy este no representa un verdadero desafío para el proyecto libertario. La falta de respuestas efectivas a la reforma laboral, que marca un cambio significativo en el ámbito laboral desde el regreso a la democracia, es un reflejo de la debilidad de la oposición, incluso con el apoyo de algunos gobernadores peronistas.
A pesar de las dificultades, el Gobierno intenta utilizar la figura del kirchnerismo como un elemento cohesivo para su base, aunque es poco probable que esta táctica perdure, ya que no puede ocultar la crisis económica ni la incertidumbre global, especialmente en Medio Oriente. La reciente actuación de Milei en la Asamblea Legislativa, caracterizada por agresiones verbales hacia sus opositores, revela la falta de credibilidad en sus acusaciones y pone de manifiesto la fragilidad de su estrategia política actual.


