El estado de Nueva York enfrenta una alarmante disminución en el número de bomberos voluntarios, que ha alcanzado cifras mínimas en 40 años. Esta caída se produce en un contexto donde las emergencias y la demanda de servicios de emergencia continúan en aumento, lo que genera serias preocupaciones sobre la capacidad de respuesta de las comunidades.
El impacto de esta reducción se siente directamente en la operatividad de los cuerpos de bomberos. Según la Asociación de Distritos de Bomberos de Nueva York (AFDSNY), la cantidad de voluntarios ha pasado de 110.000 a 70.000 en menos de diez años. Esta situación no solo ha obligado al cierre de algunas compañías, como la histórica Compañía de Bomberos Floral Park Centre en el condado de Nassau, sino que también ha levantado alertas entre autoridades y voluntarios sobre el creciente riesgo para la seguridad pública.
Particularmente en Long Island, donde la dependencia de personal no remunerado es casi total, la crisis se agrava. Con solo 20.000 bomberos voluntarios restantes tras la pérdida de 5.000 en los últimos cinco años, las emergencias están generando tiempos de respuesta que se extienden entre 10 y 15 minutos, como advierte el jefe de bomberos de North Massapequa, Joseph Ferrante. La realidad actual contrasta drásticamente con la de 1992, cuando existían alrededor de 125.000 bomberos voluntarios en el estado, lo que refleja un desafío constante para atraer nuevos integrantes al servicio.



